Llega Diciembre, con su bullicio y sus esperanzas
marcando el tiempo de las sonrisas....
llega la aurora de nuestros sueños,
los infantiles y los de ahora....
llegan cantando los dulces tiempos,
donde se vuelve mas tierno el sueño
y en las quimeras de nuestra vida,
siempre hay recuerdos que nos sonrien
desde la historia de aquel ayer.
Vuelve la mente a pasados años,
a esa infancia que se nos fue
dejando en la casa vieja,
cada recuerdo de pilatunas
que fueron causa de algún regaño,
de aquella "furia" de la mamá....
y sonreímos, con picardía,
y en nuestro rostro bien se dibuja
un sol ardiente de fiel vergüenza,
que nos condena ante el altar.
Fuimos infantes de gratos sueños,
cantamos, nos revolcamos
en esa calle de las miradas
hacia el futuro del frenesí....
pero esos días fueron pasando,
volvimos grande nuestra pasión
y la entregamos a otras almas,
fuimos al cielo y regresamos
y a estas horas, de mustio encanto
llega Diciembre, llega cantando
y nos volvemos a la niñez.
sábado, 10 de diciembre de 2011
RETAZOS DE MI VIDA INFANTIL
La zona de atención al público de la Cooperativa de Consumo de la Hacienda Berlín, en Rionegro, me dió la oportunidad de hacer, tal vez mis primeros solitos en lo que sería mi profesión. Después de gastar muchas cajas de tiza pintando carreteras y camiones en el piso de la escuela, actividad que me alcahueteaban comprando tiza extra para los alumnos, mientras yo gastaba la que entregaba la Secretaría de Educación, se me ocurrió, con los cartones de las cajas de mercancía hacer unos avisos relacionados con el comportamiento de los clientes en el local del mercado.
“De su cultura depende la atención”, “Su cultura vale más que su dinero”, “Si viene a fiar, carrera mar”, etc., eran frases que había visto en las pocas veces que había subido a un bus urbano. Las trasladé desde mi mente y con lapicero a esos pedazos de cartón y los colgué en la malla que servía de división entre la oficina y el área de clientes. Una tarde de sábado que pasó don Ernesto Sanmiguel por la tienda, le manifestó a mi mamá “su hijo será publicista”. No estaba equivocado, pues esa ha sido mi profesión durante casi treinta años y me ha permitido vivir y criar a mis tres hijos. No tengo dinero pero si muchas satisfacciones espirituales, que si bien no dan “caché”, si permiten al hombre vivir con la satisfacción del deber cumplido y haciendo lo qué le gusta. En tanto tiempo se han hecho tantas cosas y pintado tantas letras que el corazón se siente bien.
En esos diciembres se hacía no solo el pesebre de la casa sino uno para la cooperativa. Con unas imágenes grandes de plástico del TALLER ITALIANO y un montón de ovejas, además del tradicional chamizo forrado en algodón que servía como árbol de navidad, se montaba en la ventana que daba contra el sector de las carnes, con vista hacia la oficina. Allí se rezaba la Novena de Aguinaldos, la que creo he oído, rezado y disfrutado durante toda mi vida. Participaban en el rezo y en los cánticos de los villancicos, los obreros directos de la hacienda, sus familias y los vecinos más cercanos. Después de las oraciones tradicionales escuchábamos cuentos, historias y chistes de aquellos campesinos que siempre, con una inocencia especial, saben vivir esos momentos llenos de alegría. Eran ratos también para aprovechar y ganar las apuestas de los aguinaldos, que generalmente se pagaban ahí mismo, pues lo ganado por todos eran viandas y refrescos que allí se vendían.
Con la venta de vinos y galletas y de mucha pólvora, esos fines de año eran en medio de mi niñez campesina, mucho mejores que los de ahora. Con Mamín -el apodo que le habían puesto mis primas a mi viejo- nos entusiasmaba, comprar él y disfrutar yo, la quema de cartones enteros de martinicas entre los tarros metálicos de las galletas, los cuales tapados y llenos de pólvora, saltaban de tumbo en tumbo para delicia de nuestros ojos.
Llegaba ya el año 66 en el que hice mi segundo elemental, oficialmente matriculado y sentado en un pupitre particular que me había comprado mi papá. Solo lo use unos días, pues me gustaba más estar sentado al lado de Lilia, a quien ya describí, o de Lucila Nova, una morenita consentida de mi mamá y de quien hay una foto en el álbum familiar. Siempre me ha gustado ser amable y gentil con las mujeres y ahí tenía una oportunidad, ayudándoles casi siempre en cosas de dibujo, además de disfrutar de sus sonrisas, de sus miradas y de sus palabras cariñosas y tiernas.
Para la primera lección, una de Geografía, que tenia que ver con la orientación, le pedí, le rogué, le supliqué a mi mama profesora, me la tomara en privado. Y que así hiciera con todas las lecciones. Me daba pánico hablar en público y más si era de memoria. No fue posible, y en medio de un terrible y enorme oso, me gané el primer cinco, porque no solo recité muy bien la lección sino que me aficioné desde ese momento al estudio de una materia que me ha permitido imaginarme y conocer muchas partes del mundo sin viajar.
Así comencé mi etapa estudiantil que terminaría a finales de los setenta, en un segundo semestre de Administración de Empresas, hecho sin ganas y con la tristeza de haber dejado de lado la Ingeniería de Vías y Transportes, carrera que siempre fue una ilusión para mi y que me prohibí yo mismo al adquirir responsabilidades de hogar, muy tempraneras.
“De su cultura depende la atención”, “Su cultura vale más que su dinero”, “Si viene a fiar, carrera mar”, etc., eran frases que había visto en las pocas veces que había subido a un bus urbano. Las trasladé desde mi mente y con lapicero a esos pedazos de cartón y los colgué en la malla que servía de división entre la oficina y el área de clientes. Una tarde de sábado que pasó don Ernesto Sanmiguel por la tienda, le manifestó a mi mamá “su hijo será publicista”. No estaba equivocado, pues esa ha sido mi profesión durante casi treinta años y me ha permitido vivir y criar a mis tres hijos. No tengo dinero pero si muchas satisfacciones espirituales, que si bien no dan “caché”, si permiten al hombre vivir con la satisfacción del deber cumplido y haciendo lo qué le gusta. En tanto tiempo se han hecho tantas cosas y pintado tantas letras que el corazón se siente bien.
En esos diciembres se hacía no solo el pesebre de la casa sino uno para la cooperativa. Con unas imágenes grandes de plástico del TALLER ITALIANO y un montón de ovejas, además del tradicional chamizo forrado en algodón que servía como árbol de navidad, se montaba en la ventana que daba contra el sector de las carnes, con vista hacia la oficina. Allí se rezaba la Novena de Aguinaldos, la que creo he oído, rezado y disfrutado durante toda mi vida. Participaban en el rezo y en los cánticos de los villancicos, los obreros directos de la hacienda, sus familias y los vecinos más cercanos. Después de las oraciones tradicionales escuchábamos cuentos, historias y chistes de aquellos campesinos que siempre, con una inocencia especial, saben vivir esos momentos llenos de alegría. Eran ratos también para aprovechar y ganar las apuestas de los aguinaldos, que generalmente se pagaban ahí mismo, pues lo ganado por todos eran viandas y refrescos que allí se vendían.
Con la venta de vinos y galletas y de mucha pólvora, esos fines de año eran en medio de mi niñez campesina, mucho mejores que los de ahora. Con Mamín -el apodo que le habían puesto mis primas a mi viejo- nos entusiasmaba, comprar él y disfrutar yo, la quema de cartones enteros de martinicas entre los tarros metálicos de las galletas, los cuales tapados y llenos de pólvora, saltaban de tumbo en tumbo para delicia de nuestros ojos.
Llegaba ya el año 66 en el que hice mi segundo elemental, oficialmente matriculado y sentado en un pupitre particular que me había comprado mi papá. Solo lo use unos días, pues me gustaba más estar sentado al lado de Lilia, a quien ya describí, o de Lucila Nova, una morenita consentida de mi mamá y de quien hay una foto en el álbum familiar. Siempre me ha gustado ser amable y gentil con las mujeres y ahí tenía una oportunidad, ayudándoles casi siempre en cosas de dibujo, además de disfrutar de sus sonrisas, de sus miradas y de sus palabras cariñosas y tiernas.
Para la primera lección, una de Geografía, que tenia que ver con la orientación, le pedí, le rogué, le supliqué a mi mama profesora, me la tomara en privado. Y que así hiciera con todas las lecciones. Me daba pánico hablar en público y más si era de memoria. No fue posible, y en medio de un terrible y enorme oso, me gané el primer cinco, porque no solo recité muy bien la lección sino que me aficioné desde ese momento al estudio de una materia que me ha permitido imaginarme y conocer muchas partes del mundo sin viajar.
Así comencé mi etapa estudiantil que terminaría a finales de los setenta, en un segundo semestre de Administración de Empresas, hecho sin ganas y con la tristeza de haber dejado de lado la Ingeniería de Vías y Transportes, carrera que siempre fue una ilusión para mi y que me prohibí yo mismo al adquirir responsabilidades de hogar, muy tempraneras.
domingo, 6 de noviembre de 2011
CRONICAS DE CAMINOS Y CARRTERAS.
Por aquellos dias, casi terminando el año escolar de 1972 y con un segundo bachillerato en buenas condiciones, se presentó un asueto en las actividades del colegio y ni corto ni perezoso programé una ida a Misiguay para compartir con mi viejo que aún tenía a Honduras, esa finca "cafeteroganadera" que le quitaba muchas horas de su tiempo laboral.
El transporte a la vereda era muy irregular entonces.
Lusitania prestaba el servicio diario desde Bucaramanga, pero lo hacía con unas chivas muy pequeñas. La Iguana y La Guanábana, recordadas por muchos, que tenían como "pilotos" a Ricardo Amorocho y a Olinto Mantilla; montadas sobre chasis de camioneta tipo 100, Chevrolet 53 las dos , tenían un horario muy tempranero para mi disponibilidad de tiempo y espacio.
La otra ruta era prestada por El Lechero, un camióncito de estacas, International tipo 300 modelo 71, manejado por Nicasio Peña, amigo de mi papá y especializado en desbarajustar carros como por tarea. De hecho, este carro blanco, con solo un año de uso, ya mostraba las "habilidades" de su chofer.
En la cabina eran más los detalles ausentes que los originales del concesionario. Las manecillas de las puertas, las ventanillas abatibles o cortavientos, muchos de los "relojes" de control, las viseras del techo, los tapetes y la elegancia del sillín, hacía rato brillaban por su ausencia.
Lo único bueno, funcionando perfectamente entre tanta debacle, era un "pasacintas" con lucesitas, bien equipado con casettes de "rancheras ventiadas" que sonaban a todo dar en los recorridos mañaneros, recogiendo en cada aparte de caminos a las fincas, la leche recién ordeñada, para llevarla a la ciudad; o de regreso en las tardes hacia la vereda.
Esa, la tarde de ese jueves contacté a Nicasio para que pasara por la casa y me enrumbé hacia esa tierra que me había visto crecer durante seis años, donde tuve una emisora, aprendí a jugar futbol, hice mi primaria y disfruté de "las primeras mieles del amor".
Calculé que llegaríamos a las cuatro de la tarde más o menos al caserío y destinaría otra media hora para recorrer a pie los dos kilometros de carrtera hasta la quebrada Cedrillera, por la via hacia Los Alpes y Tequendama, fincas que fueron de Gilberto Rueda García, otro de los Tres Mosqueteros de la región; y subir luego por entre el cafetal de La Cabaña, desde la quebrada asustadora en tardes y en invierno.
Su abundante vegetación que formaba túneles naturales la hacía oscura y era muy fácil recordar historias de "berrionas" y otras vainas, referidas por el viejo en esas noches de tertulias campesinas.
Pero no contaba con que El Lechero tenía que ir hasta un punto de la carretera a Cuesta Rica para recoger una vaca y su cría, que algún vecino veredal había comprado por allá.
Así que el periplo se alargó. El casette de Antonio Aguilar, lleno de canciones alusivas a caballos de todos los colores, dio dos vueltas completas.
Estacionados a la orilla de la carretera, esperamos por bastante tiempo los nuevos pasajeros. Algún inconveniente pastoril retrasó un par de horas la llegada, así que los últimos minutos de la tarde empezaron a tornar en sombra el paisaje que había dibujado el sol desde la mañana.
Mientras esperábamos mirando el paisaje agreste y ventisquero, el conductor, una señora que iba para la finca de los Gelves y yo; alcanzaron a pasar por el escenario "pasacíntico" Cuco Sánchez cantando al ritmo de la guitarra de Antonio Birbiesca, algunas carrileras de un montón de hermanas, -las Padilla, las Calle- , con las Alondras, las Gaviotas y otros duetos femeninos.
José Alfredo Jiménez nos contó y nos cantó con su voz aguardientosa la historia de "una piedra en el camino" que le enseñó que su destino era "rodar y rodar". Antonio Aguilar de nuevo, pero no cantándole a los "jácaros" sino a las Noches Tenebrosas que me hacía pensar en la próxima subida por la Cedrillera, seguramente bien entrada la noche.... "cuando las once y media en un reloj tal vez serían"...... y la vaca, nada que llegaba.
Al fin llegó y logramos embarcarla, para arrancar de regreso a Pto. Arturo y emprender los nueve kilomentros de cuestas y trocha hasta el caserío de Misiguay. Entonces, ya se habían ido los arreboles que se forman cada tarde en el cielo sobtre el Rio Magdalena y que uno ve ahí, "cerquitica". Un montón de estrellas -incluído el bueyero guía- ya estaba titilando, saltando juiciosas bajo el firmamento.
Las subídas de Matecacao, San Agustín y El Cristal las recorrimos escuchando a Julio Jaramillo, que decía entre lamentos "no me toquen ese vals porque me mata", a Olimpo Cárdenas lleno de Temeridad y a Lupe y Polo que ya habían conseguido Dos pasajes para irse a otras tierras con su prieta querida.
En la Cristalina, la tienda descansadora de la cuesta, nos tomamos una cerveza para mitigar el calor que no era comun en esas tierras y a esas horas. Dejé disimuladamente los residuos líquidos de mis riñones contra un matarratón que sostenía las cuerdas espinosas de una cerca de potrero, recordé que "por el camino del sitio mío, un carrtero alegre cantó" a la Luz Marina que vivía más abajo de la tienda. Volvimos al camión y recorrimos la travesía de El Coco, La Guamaleña y La Cabros en media hora.
Llegamos hasta la gruta de la Virgen del Pocillo, la misma que habían encontrado en un pozo de la quebrada cercana y en un barranco desembarcamos los pasajeros mamíferos, frente a la casa de Federico González, un personaje típico de allí.
Fue ahí cuando apareció don Alonso Rodríguez, linterna en mano y ofreciéndome -noble y buen amigo como siempre- la hospitalidad de su casa, para que no arriesgara un susto con las "mechudas que aparecen en la curva de la escuela vieja, la escuela de doña Inés", me dijo.
Volví entonces a entrar en esa casa de zaguán y patio interior donde los caracuchos, los zagalejos y alguna dalia le daban color a la estancia. Ya había estado allí otra gente de ingrata recordación para la vereda, gracias a una trampa que querían hacerle a ese ser bonachón y servicial que siempre tenía un consejo para todos, en palabras que mezclaban el respeto y una sonrisa que parecía estar "mamándole gallo" al aconsejado.
Ya recuperada su tierra y su casa, seguía allí para continuar siendo faro y guía de la región en un acuerdo tácito que había hecho con mi papá y con Gilberto Rueda, pero que este abandonó porque le tocó irse a colaborar en las obras del más allá, una madrugada de lunes en que rodó con su campero Willis y un amigo, desde la carretera hasta el lecho de la Quebrada la Pajuila, abajo de la tienda de Los Colorados.
Leonor, esposa de don Alonso, hija de Rosario Nieto, la partera de la vereda; me preparó en minutos un caldo de papa con arepa de pelao con lo que calmé la angustia estomacal y la de tener que subir solo por esos caminos llenos de mitos, espantos y sustos imaginados en un santiamén.
Conversando de mucho y de todo, don Alonso ya me estaba contando la historia de "la primera palada de tierra que moví para comenzar la construcción de la carretera en Pto. Arturo"..... cuando llegó mi papá. El instinto de padre, de sangre, lo hizo pensar que yo andaba por allí, aventurando en una noche de estrellas y corrió a brindarme protección. Compartimos un tinto más con su amigo y mi amigo, nos despedimos y caminando "conversadito" nos fuimos para Honduras.
Ya se me había quitado el miedo.
Es que iba hombro a hombro con el ser que más admiré siempre, entre otras cosas, por valiente. Y así, nadie tiene porque sentir miedo.
Por aquellos dias, casi terminando el año escolar de 1972 y con un segundo bachillerato en buenas condiciones, se presentó un asueto en las actividades del colegio y ni corto ni perezoso programé una ida a Misiguay para compartir con mi viejo que aún tenía a Honduras, esa finca "cafeteroganadera" que le quitaba muchas horas de su tiempo laboral.
El transporte a la vereda era muy irregular entonces.
Lusitania prestaba el servicio diario desde Bucaramanga, pero lo hacía con unas chivas muy pequeñas. La Iguana y La Guanábana, recordadas por muchos, que tenían como "pilotos" a Ricardo Amorocho y a Olinto Mantilla; montadas sobre chasis de camioneta tipo 100, Chevrolet 53 las dos , tenían un horario muy tempranero para mi disponibilidad de tiempo y espacio.
La otra ruta era prestada por El Lechero, un camióncito de estacas, International tipo 300 modelo 71, manejado por Nicasio Peña, amigo de mi papá y especializado en desbarajustar carros como por tarea. De hecho, este carro blanco, con solo un año de uso, ya mostraba las "habilidades" de su chofer.
En la cabina eran más los detalles ausentes que los originales del concesionario. Las manecillas de las puertas, las ventanillas abatibles o cortavientos, muchos de los "relojes" de control, las viseras del techo, los tapetes y la elegancia del sillín, hacía rato brillaban por su ausencia.
Lo único bueno, funcionando perfectamente entre tanta debacle, era un "pasacintas" con lucesitas, bien equipado con casettes de "rancheras ventiadas" que sonaban a todo dar en los recorridos mañaneros, recogiendo en cada aparte de caminos a las fincas, la leche recién ordeñada, para llevarla a la ciudad; o de regreso en las tardes hacia la vereda.
Esa, la tarde de ese jueves contacté a Nicasio para que pasara por la casa y me enrumbé hacia esa tierra que me había visto crecer durante seis años, donde tuve una emisora, aprendí a jugar futbol, hice mi primaria y disfruté de "las primeras mieles del amor".
Calculé que llegaríamos a las cuatro de la tarde más o menos al caserío y destinaría otra media hora para recorrer a pie los dos kilometros de carrtera hasta la quebrada Cedrillera, por la via hacia Los Alpes y Tequendama, fincas que fueron de Gilberto Rueda García, otro de los Tres Mosqueteros de la región; y subir luego por entre el cafetal de La Cabaña, desde la quebrada asustadora en tardes y en invierno.
Su abundante vegetación que formaba túneles naturales la hacía oscura y era muy fácil recordar historias de "berrionas" y otras vainas, referidas por el viejo en esas noches de tertulias campesinas.
Pero no contaba con que El Lechero tenía que ir hasta un punto de la carretera a Cuesta Rica para recoger una vaca y su cría, que algún vecino veredal había comprado por allá.
Así que el periplo se alargó. El casette de Antonio Aguilar, lleno de canciones alusivas a caballos de todos los colores, dio dos vueltas completas.
Estacionados a la orilla de la carretera, esperamos por bastante tiempo los nuevos pasajeros. Algún inconveniente pastoril retrasó un par de horas la llegada, así que los últimos minutos de la tarde empezaron a tornar en sombra el paisaje que había dibujado el sol desde la mañana.
Mientras esperábamos mirando el paisaje agreste y ventisquero, el conductor, una señora que iba para la finca de los Gelves y yo; alcanzaron a pasar por el escenario "pasacíntico" Cuco Sánchez cantando al ritmo de la guitarra de Antonio Birbiesca, algunas carrileras de un montón de hermanas, -las Padilla, las Calle- , con las Alondras, las Gaviotas y otros duetos femeninos.
José Alfredo Jiménez nos contó y nos cantó con su voz aguardientosa la historia de "una piedra en el camino" que le enseñó que su destino era "rodar y rodar". Antonio Aguilar de nuevo, pero no cantándole a los "jácaros" sino a las Noches Tenebrosas que me hacía pensar en la próxima subida por la Cedrillera, seguramente bien entrada la noche.... "cuando las once y media en un reloj tal vez serían"...... y la vaca, nada que llegaba.
Al fin llegó y logramos embarcarla, para arrancar de regreso a Pto. Arturo y emprender los nueve kilomentros de cuestas y trocha hasta el caserío de Misiguay. Entonces, ya se habían ido los arreboles que se forman cada tarde en el cielo sobtre el Rio Magdalena y que uno ve ahí, "cerquitica". Un montón de estrellas -incluído el bueyero guía- ya estaba titilando, saltando juiciosas bajo el firmamento.
Las subídas de Matecacao, San Agustín y El Cristal las recorrimos escuchando a Julio Jaramillo, que decía entre lamentos "no me toquen ese vals porque me mata", a Olimpo Cárdenas lleno de Temeridad y a Lupe y Polo que ya habían conseguido Dos pasajes para irse a otras tierras con su prieta querida.
En la Cristalina, la tienda descansadora de la cuesta, nos tomamos una cerveza para mitigar el calor que no era comun en esas tierras y a esas horas. Dejé disimuladamente los residuos líquidos de mis riñones contra un matarratón que sostenía las cuerdas espinosas de una cerca de potrero, recordé que "por el camino del sitio mío, un carrtero alegre cantó" a la Luz Marina que vivía más abajo de la tienda. Volvimos al camión y recorrimos la travesía de El Coco, La Guamaleña y La Cabros en media hora.
Llegamos hasta la gruta de la Virgen del Pocillo, la misma que habían encontrado en un pozo de la quebrada cercana y en un barranco desembarcamos los pasajeros mamíferos, frente a la casa de Federico González, un personaje típico de allí.
Fue ahí cuando apareció don Alonso Rodríguez, linterna en mano y ofreciéndome -noble y buen amigo como siempre- la hospitalidad de su casa, para que no arriesgara un susto con las "mechudas que aparecen en la curva de la escuela vieja, la escuela de doña Inés", me dijo.
Volví entonces a entrar en esa casa de zaguán y patio interior donde los caracuchos, los zagalejos y alguna dalia le daban color a la estancia. Ya había estado allí otra gente de ingrata recordación para la vereda, gracias a una trampa que querían hacerle a ese ser bonachón y servicial que siempre tenía un consejo para todos, en palabras que mezclaban el respeto y una sonrisa que parecía estar "mamándole gallo" al aconsejado.
Ya recuperada su tierra y su casa, seguía allí para continuar siendo faro y guía de la región en un acuerdo tácito que había hecho con mi papá y con Gilberto Rueda, pero que este abandonó porque le tocó irse a colaborar en las obras del más allá, una madrugada de lunes en que rodó con su campero Willis y un amigo, desde la carretera hasta el lecho de la Quebrada la Pajuila, abajo de la tienda de Los Colorados.
Leonor, esposa de don Alonso, hija de Rosario Nieto, la partera de la vereda; me preparó en minutos un caldo de papa con arepa de pelao con lo que calmé la angustia estomacal y la de tener que subir solo por esos caminos llenos de mitos, espantos y sustos imaginados en un santiamén.
Conversando de mucho y de todo, don Alonso ya me estaba contando la historia de "la primera palada de tierra que moví para comenzar la construcción de la carretera en Pto. Arturo"..... cuando llegó mi papá. El instinto de padre, de sangre, lo hizo pensar que yo andaba por allí, aventurando en una noche de estrellas y corrió a brindarme protección. Compartimos un tinto más con su amigo y mi amigo, nos despedimos y caminando "conversadito" nos fuimos para Honduras.
Ya se me había quitado el miedo.
Es que iba hombro a hombro con el ser que más admiré siempre, entre otras cosas, por valiente. Y así, nadie tiene porque sentir miedo.
viernes, 14 de octubre de 2011
LAS TROVAS DEL ALGO....
"El algo de la familia
por fin nos vino a tocar,
en esta tarde tranquila,
nos vamos a organizar
bienvenidos al repique
un saludo bien sincero
de parte de Chucho y Vicky
sigánse, pues, bien ligero..!
Desde temprano aqui están,
Jorge, Rosalba y don Hugo
dispuestos a festejar
pero no con fresco y jugo,
uno comiéndose todo,
ellos con algo en la mente
seguro no hay que rogarles
pa´que beban aguardiente.
El "flaco" Nodier entonces
va a pedir un adelanto,
una prueba solamente
comer no le gusta tanto,
Lina con la Carolina
apenas se hacen ojos,
porque el papá no escatima
saboreando los antojos.
William vino con Blanquita
llegaron haciendo bulla
se vinieron sin la hija
que viene con quien la arrulla,
hay un integrante nuevo
y es un noviazgo reciente
Jocelyne está feliz
a todas horas sonriente.
Wilmar vino con la Mona
Miguel Angel y Manuela
y con la hija adoptiva
Nicole, "juiciosa" en la escuela..
de genio hoy está muy bien
hasta le brillan los ojos,
no me le hablen a la Mona
sino de un equipo rojo.
Los Montoya Jaramillo
llegaron con sus tres hijos
Nelson y Olga Lucía
ellos estaban bien fijos
cual es más conversador
que se les oiga la voz,
pa´que rompan "ipsofacto"
el silencio tan atroz.
El algo está bien sencillo
pero tiene condimentos,
un tarrao de cariño
y mucho de sentimiento
ojála que bien les guste
lo hicimos con mucho empeño,
es producto de labranzas
de nuestro suelo antioqueño.
Ahora que venga otro
verso, con mucha emoción
que "la morada es pequeña,
pero grande el corazón"
Un saludo que se vuele
al aire y con mucho afán
pa´que llegue con afecto
a los que ahora no están.
Le mandamos un abrazo
"rompecostillas" a Orlando
que bueno que aqui estuviera
con Elizabeth gozando
hoy unimos la familia
a través del Facebook (léase como suena en español)
y cantándoles los versos
que espero suenen muy ok. (léase uk)
Saludamos desde aquí
a Jenny y a sus amores,
a Yaneth en "los extranjas"
a Brian y Amalia Flores,
a Gildardo con Emilce
y a Kelly en los Emiratos
a Yudy Alejandra, y van
muchos saludos del gato.
Empecemos esta vaina
porque nos llega el domingo
"antioqueñita" la Vicky
y Chucho que es un "re-pingo"
les damos la bienvenida
disfrutemos este día
y empecemos con los juegos
pa´que reine la alegría.
Cantarlas con esta pista: http://www.youtube.com/watch?v=nfb2WaaJ5FQ
por fin nos vino a tocar,
en esta tarde tranquila,
nos vamos a organizar
bienvenidos al repique
un saludo bien sincero
de parte de Chucho y Vicky
sigánse, pues, bien ligero..!
Desde temprano aqui están,
Jorge, Rosalba y don Hugo
dispuestos a festejar
pero no con fresco y jugo,
uno comiéndose todo,
ellos con algo en la mente
seguro no hay que rogarles
pa´que beban aguardiente.
El "flaco" Nodier entonces
va a pedir un adelanto,
una prueba solamente
comer no le gusta tanto,
Lina con la Carolina
apenas se hacen ojos,
porque el papá no escatima
saboreando los antojos.
William vino con Blanquita
llegaron haciendo bulla
se vinieron sin la hija
que viene con quien la arrulla,
hay un integrante nuevo
y es un noviazgo reciente
Jocelyne está feliz
a todas horas sonriente.
Wilmar vino con la Mona
Miguel Angel y Manuela
y con la hija adoptiva
Nicole, "juiciosa" en la escuela..
de genio hoy está muy bien
hasta le brillan los ojos,
no me le hablen a la Mona
sino de un equipo rojo.
Los Montoya Jaramillo
llegaron con sus tres hijos
Nelson y Olga Lucía
ellos estaban bien fijos
cual es más conversador
que se les oiga la voz,
pa´que rompan "ipsofacto"
el silencio tan atroz.
El algo está bien sencillo
pero tiene condimentos,
un tarrao de cariño
y mucho de sentimiento
ojála que bien les guste
lo hicimos con mucho empeño,
es producto de labranzas
de nuestro suelo antioqueño.
Ahora que venga otro
verso, con mucha emoción
que "la morada es pequeña,
pero grande el corazón"
Un saludo que se vuele
al aire y con mucho afán
pa´que llegue con afecto
a los que ahora no están.
Le mandamos un abrazo
"rompecostillas" a Orlando
que bueno que aqui estuviera
con Elizabeth gozando
hoy unimos la familia
a través del Facebook (léase como suena en español)
y cantándoles los versos
que espero suenen muy ok. (léase uk)
Saludamos desde aquí
a Jenny y a sus amores,
a Yaneth en "los extranjas"
a Brian y Amalia Flores,
a Gildardo con Emilce
y a Kelly en los Emiratos
a Yudy Alejandra, y van
muchos saludos del gato.
Empecemos esta vaina
porque nos llega el domingo
"antioqueñita" la Vicky
y Chucho que es un "re-pingo"
les damos la bienvenida
disfrutemos este día
y empecemos con los juegos
pa´que reine la alegría.
Cantarlas con esta pista: http://www.youtube.com/watch?v=nfb2WaaJ5FQ
DE ALGOS y otras vainas...!
Por usanza de tierras antioqueñas, es una tradición el ALGO. Una comida intermedia, ligera, a manera de disculpa para reunirse a conversar y que se sirve al caer la tarde. Es pariente cercano de las ONCES santandereanas.
La familia materna de mi esposa, es decir los hijos y descendientes de doña Rosa Emilia Fonnegra, hace unos años tenían organizado el reunirse cada mes para este propósito. Eso era "cuando estábamos allá y la familia estaba completa" dijo en estos días Orlando, uno de los hijos que está por fuera de Colombia.
Ahora en el 2011 se ha revivido esta costumbre. Cada més, en el último sábado o en el que se pudo, nos fuimos integrando con asistencia a las distintas casas de cada familia. Así lo hicimos desde Febrero, hasta ayer, que nos tocó el remate en nuestro apartamento, aunque por una carambola del destino, al estar desocupado desde el viernes el primer piso y con anuencia de mis suegros, lo celebramos en una locación más amplia.
Pero quisimos hacer una terminación diferente. Y creo que lo logramos. Aunque un poco más tarde de la hora citada, por algunos inconvenientes de trabajo en los invitados, arrancamos -o iniciamos, como la moda de los periodistas- con unas trovas "dobletiadas" que aunque no improvisadas, si salidas de mi imaginación. En unas se narran "características" de cada familia, otras para saludar a los ausentes y otrás más para reafirmar la invitación.
Este estilo musical, muy de esta tierra y con cierto humor y "picante" es de buen recibo por parte de la gente. Así que se gozó bastante con ellas.
La idea de "cantarlas" al ritmo de una pista que hay en Youtube la tuvimos que descartar porque la continuidad se perdía en medio de la algarabía, los aplausos y las risas al terminar cada una de ellas. Así que "a palo seco" continuamos con la trovada. La primera y la última las hicimos a dos voces con mi esposa y en las otras fuimos alternando, pretendiendo con esto evitar que nos bautizaran como el dueto LOS INDEPENDIENTES, por aquello de cantar cada uno por su lado.
Luego pasamos a los juegos de integración, donde cada familia, incluidos los niños, participaban recordando objetos de una lámina, haciendo mímica para adivinar canciones, recordando listados de objetos específicos (nombres de flores, pueblos de Antioquia, palábras esdrújulas).... y buscando canciones en la mente según una palabra dada.
CONCENTRESE PARA QUE NO SE LE OLVIDE, DÍGALO CANTANDO, ADIVINE LA ACCIÓN, PALABRAS BOMBA.... fueron juegos que se convirtieron en una buena manera de integrar hijos y padres en torno a un objetivo, se recordaron cositas de nuestra historia, geografía, español, que a veces desde los tiempos de la escuela se echan al olvido. Y lo mejor, nos permitió distensionarnos al máximo de los compromisos laborales de la semana.Sumados los puntajes de cada núcleo familiar les entregamos los premios a Adriana y a Wilmar. Un paquetico con productos cosméticos para la familia y otro, un modelo de MINIminiatruras de los que día a día hacemos con nuestras manos.
El centro principal del algo, el plato en si, consistió en un pastelón de plátano maduro al horno, acompañado de unas yuquitas fritas, bien crocantes. El mejor comentario para la obra culinaria que nos puso a madrugar un par de días y donde hasta discusiones tuvimos haciéndolo, fue el dejar los platos totamente limpios, los estómagos satisfechos y una tranquilidad de esas que uso siempre. La del "deber cumplido".
Al calorcito del guarito antioqueño, que no puede faltar, de la alegría contagiosa de una época ya muy olorosa a buñuelos y a villancicos, disfrutamos mucho. Creo que lo mismo pueden decir todos los asitentes a esta reunión e incluso, quienes están lejos, proque también los integramos en los mensajes del Facebook y en las trovas.Lo hemos hecho con todo el gusto y s itocara repetir, no lo duden.... como digo en la trova, tomando una frase de Pedro Camacho, el "escribidor" de radionovelas en LA TIA JULIA Y EL ESCRIBIDOR, de Mario Vargas Llosa; "LA MORADA ES PEQUEÑA, PERO EL CORAZÓN ES GRANDE". Bienvenidos, cuando quieran..!
Y creo que no está lejos.... ya viene la fiesta de disfraces...!
La familia materna de mi esposa, es decir los hijos y descendientes de doña Rosa Emilia Fonnegra, hace unos años tenían organizado el reunirse cada mes para este propósito. Eso era "cuando estábamos allá y la familia estaba completa" dijo en estos días Orlando, uno de los hijos que está por fuera de Colombia.
Ahora en el 2011 se ha revivido esta costumbre. Cada més, en el último sábado o en el que se pudo, nos fuimos integrando con asistencia a las distintas casas de cada familia. Así lo hicimos desde Febrero, hasta ayer, que nos tocó el remate en nuestro apartamento, aunque por una carambola del destino, al estar desocupado desde el viernes el primer piso y con anuencia de mis suegros, lo celebramos en una locación más amplia.
Pero quisimos hacer una terminación diferente. Y creo que lo logramos. Aunque un poco más tarde de la hora citada, por algunos inconvenientes de trabajo en los invitados, arrancamos -o iniciamos, como la moda de los periodistas- con unas trovas "dobletiadas" que aunque no improvisadas, si salidas de mi imaginación. En unas se narran "características" de cada familia, otras para saludar a los ausentes y otrás más para reafirmar la invitación.
Este estilo musical, muy de esta tierra y con cierto humor y "picante" es de buen recibo por parte de la gente. Así que se gozó bastante con ellas.
La idea de "cantarlas" al ritmo de una pista que hay en Youtube la tuvimos que descartar porque la continuidad se perdía en medio de la algarabía, los aplausos y las risas al terminar cada una de ellas. Así que "a palo seco" continuamos con la trovada. La primera y la última las hicimos a dos voces con mi esposa y en las otras fuimos alternando, pretendiendo con esto evitar que nos bautizaran como el dueto LOS INDEPENDIENTES, por aquello de cantar cada uno por su lado.
Luego pasamos a los juegos de integración, donde cada familia, incluidos los niños, participaban recordando objetos de una lámina, haciendo mímica para adivinar canciones, recordando listados de objetos específicos (nombres de flores, pueblos de Antioquia, palábras esdrújulas).... y buscando canciones en la mente según una palabra dada.
CONCENTRESE PARA QUE NO SE LE OLVIDE, DÍGALO CANTANDO, ADIVINE LA ACCIÓN, PALABRAS BOMBA.... fueron juegos que se convirtieron en una buena manera de integrar hijos y padres en torno a un objetivo, se recordaron cositas de nuestra historia, geografía, español, que a veces desde los tiempos de la escuela se echan al olvido. Y lo mejor, nos permitió distensionarnos al máximo de los compromisos laborales de la semana.Sumados los puntajes de cada núcleo familiar les entregamos los premios a Adriana
El centro principal del algo, el plato en si, consistió en un pastelón de plátano maduro al horno, acompañado de unas yuquitas fritas, bien crocantes. El mejor comentario para la obra culinaria que nos puso a madrugar un par de días y donde hasta discusiones tuvimos haciéndolo, fue el dejar los platos totamente limpios, los estómagos satisfechos y una tranquilidad de esas que uso siempre. La del "deber cumplido".
Al calorcito del guarito antioqueño, que no puede faltar, de la alegría contagiosa de una época ya muy olorosa a buñuelos y a villancicos, disfrutamos mucho. Creo que lo mismo pueden decir todos los asitentes a esta reunión e incluso, quienes están lejos, proque también los integramos en los mensajes del Facebook y en las trovas.Lo hemos hecho con todo el gusto y s itocara repetir, no lo duden.... como digo en la trova, tomando una frase de Pedro Camacho, el "escribidor" de radionovelas en LA TIA JULIA Y EL ESCRIBIDOR, de Mario Vargas Llosa; "LA MORADA ES PEQUEÑA, PERO EL CORAZÓN ES GRANDE". Bienvenidos, cuando quieran..!
Y creo que no está lejos.... ya viene la fiesta de disfraces...!
sábado, 3 de septiembre de 2011
PORQUE NO CREO MAS.... en politiqueros.
Cuando empecé a ver a mi papá en sus gustos políticos, me animé a seguirlo. Eran los años del Frente Nacional y no había tanta rapiña por los escaños del congreso. En tiempos de transición, todo estaba arreglado.
Mi viejo era liberal y así me enseñó a serlo. Pero de los de antes. Los de ahora, hacen dar vergüenza ajena. Seguía mi padre las banderas rojas, votaba con pasión, defendía ideales, argumentaba con razón.
Sufrió sustos por ser liberal en esos días que los periódicos llamaban "de la violencia". En El Diviso, por la carretera de Rionegro a Santa Cruz de la Colina, sintió el cañón de un fusil chulavita, rozándole la piel del estómago. Que lo salvó? La suerte. Y mi mamá decía que sus oraciones.
En Agosto de 1977 recibí mi cédula de ciudadano colombiano. Pensé con alegría en el momento en que depositaría mi primer voto. Lamentablemente fue por el que -talvez no le entendimos- gobernó con los más funestos y los más rapaces. Ya había estado gritando vivas a López Michelsen en el 74, por aquella calle 36 de Bucaramanga, que desde el Parque García Rovira hasta el Santander, se volvía zona de votación en esos domingos "democráticos". Pero allá era menor de edad y solo pude hacer bulla.
Después, cuando se lanzó la candidatura del Dr. Luis Carlos Galán, creí en sus ideas, en sus postulados y en su valentía y adherí al Nuevo Liberalismo.
Sin pensar en el "que voy a pedir, que me van a dar" trabajé toda la campaña. Sacaba grandes ratos de las noches para ir a reuniones diarias, pegar afiches, pintar murales e incluso ser parte del cuerpo de seguridad del candidato en una visita a la ciudad. Hacíamos una cadena de casi treinta personas, entrelazando los brazos, rodeando a Galán, mientras el caminaba saludando a su gente. Pudimos ser el cartoncito con círculos y números de algun enemigo. Pero era mi convicción.
En las elecciones parlamentarias vi una de las grandes traiciones. Un politiquero tradicional del departamento, narizón por más señas y quien luego sería Contralor de la república, logró su puesto de senador con los votos de los galanistas y ese mismo lunes, amaneció siendo lopista. Y sin vergüenza. Bueno, sinvergüenza ya era.
Luego, en las presidenciales, se perdió el poder y vino don "Pascual" -Cual Paz..?- Betancur a "pendejiar" en la silla presidencial.
Por mi trabajo en el Nuevo Liberalismo me ofrecieron dos becas para estudiantes de secundaria, que tranpasé a un par de parientes, de quienes jamás recibí un gracias. No importa... esa no ha sido mi razón de ser. Se da y si se recibe, bien. Si no, igual. De desagradecidos está empedrado el mundo.
Cuando mi papá agonizaba, en el 84, entré a la casa del Parque Bolivar a contarles de su enfermedad. Recibí una andanada de insultos por parte de un "señor" Camacho, que luego sería Gobernador y más tarde presidiario -ahí senti un fresquito-, culpándome del cambio de unas papeletas -votos de entonces- a favor de la Confederación, solo por ser rionegrano. Insultó y además, confundió. Ese nunca ha sido mi estilo.
Me alejé de esas actividades. Siempre he votado, porque es un derecho y un deber, pero lo hago en BLANCO.
Solo cuando apareció la candidatura del Dr. Uribe, volví a votar por un nombre. Y por un hombre. Y no me pesa. Siempre me sentiré orgulloso de ser parte de más de la mitad de los colombianos que hemos confiado en él. Los áulicos del socialismo se tragarán a su debido tiempo esas palabras que vomitan aprendidas de memoria.
Con JUDAS Manuel Santos, me equivoqué. Como nos equivocamos todos los que votamos por unas ideas, metidas en un disfraz de valiente, cuando en el fondo no es más que un mequetrefe que se le acomoda a la brisa de la conveniencia. Lo reconozco, me equivoqué.
Y ayer, como lo escribí en mi muro de FB:
"Asistí a una reunión de politiqueros en Bello. Aún no se porque lo hice. Tal vez por amistad con un familiar de mi esposa. Pero que borbollón de mentiras, de cháchara barata, del mismo discurso de siempre. Nunca me había sentido tan fuera de lugar. Definitivamente no sirvo para escuchar esos promeseros de m...da..! Son un cáncer para esta Colombia hermosa. Y si, estoy p..to..!"
Hoy, con más calma, creo que puedo jurarme no volver a caer en esas ridículas reuniones, donde la mayoría de gente asiste por un trago, una cerveza o un pedazo de chorizo. Dejo constancia. Es imperdonable gastar el tiempo oyendo esa cantidad de sandeces, mentiras y estupìdeces. Lo que más indigna es ver que los candidatos con una sonrisita mañosa y sarcástica, van mirando a la concurrencia, mientras se dicen para si: "Estos ya cayeron..." Cuando llegan, van hasta el rincón más oculto, a saludar de mano y abrazo a los asistentes, creyendo que todos nos vamos a quedar sin lavarnos las manos por un mes.
Ayer, tal vez otros cayeron, porque conmigo es otro cantar.
Si un candidato dice: "Bello ya no será un municipio, será una ciudad..." pues apague y vámonos. Son clasificaciones distintas. Una cosa es la administrativa, que va desde los corregimientos, municipios, departamentos, distritos ....(Sociales de segundo primaria) y otra lo es por características físicas: caserío, pueblo, ciudad.... Y si los que dirigen, no saben distinguir, que podemos esperar. Según ellos, Medellín no es un municipio..? O Bucaramanga..? O Cali..?
No se puede confundir en medio de la idiotez.
Alguien, ante mi asombro y reclamo por tanta inconsistencia en las ideas de los futuros dirigentes, me dijo: "Y entonces, Ud que hace aqui, contradiciendo todo...?"
En un instante recapacité y salí raudo de ese salón al cual nunca debí entrar.
Mi viejo era liberal y así me enseñó a serlo. Pero de los de antes. Los de ahora, hacen dar vergüenza ajena. Seguía mi padre las banderas rojas, votaba con pasión, defendía ideales, argumentaba con razón.
Sufrió sustos por ser liberal en esos días que los periódicos llamaban "de la violencia". En El Diviso, por la carretera de Rionegro a Santa Cruz de la Colina, sintió el cañón de un fusil chulavita, rozándole la piel del estómago. Que lo salvó? La suerte. Y mi mamá decía que sus oraciones.
En Agosto de 1977 recibí mi cédula de ciudadano colombiano. Pensé con alegría en el momento en que depositaría mi primer voto. Lamentablemente fue por el que -talvez no le entendimos- gobernó con los más funestos y los más rapaces. Ya había estado gritando vivas a López Michelsen en el 74, por aquella calle 36 de Bucaramanga, que desde el Parque García Rovira hasta el Santander, se volvía zona de votación en esos domingos "democráticos". Pero allá era menor de edad y solo pude hacer bulla.
Después, cuando se lanzó la candidatura del Dr. Luis Carlos Galán, creí en sus ideas, en sus postulados y en su valentía y adherí al Nuevo Liberalismo.
Sin pensar en el "que voy a pedir, que me van a dar" trabajé toda la campaña. Sacaba grandes ratos de las noches para ir a reuniones diarias, pegar afiches, pintar murales e incluso ser parte del cuerpo de seguridad del candidato en una visita a la ciudad. Hacíamos una cadena de casi treinta personas, entrelazando los brazos, rodeando a Galán, mientras el caminaba saludando a su gente. Pudimos ser el cartoncito con círculos y números de algun enemigo. Pero era mi convicción.
En las elecciones parlamentarias vi una de las grandes traiciones. Un politiquero tradicional del departamento, narizón por más señas y quien luego sería Contralor de la república, logró su puesto de senador con los votos de los galanistas y ese mismo lunes, amaneció siendo lopista. Y sin vergüenza. Bueno, sinvergüenza ya era.
Luego, en las presidenciales, se perdió el poder y vino don "Pascual" -Cual Paz..?- Betancur a "pendejiar" en la silla presidencial.
Por mi trabajo en el Nuevo Liberalismo me ofrecieron dos becas para estudiantes de secundaria, que tranpasé a un par de parientes, de quienes jamás recibí un gracias. No importa... esa no ha sido mi razón de ser. Se da y si se recibe, bien. Si no, igual. De desagradecidos está empedrado el mundo.
Cuando mi papá agonizaba, en el 84, entré a la casa del Parque Bolivar a contarles de su enfermedad. Recibí una andanada de insultos por parte de un "señor" Camacho, que luego sería Gobernador y más tarde presidiario -ahí senti un fresquito-, culpándome del cambio de unas papeletas -votos de entonces- a favor de la Confederación, solo por ser rionegrano. Insultó y además, confundió. Ese nunca ha sido mi estilo.
Me alejé de esas actividades. Siempre he votado, porque es un derecho y un deber, pero lo hago en BLANCO.
Solo cuando apareció la candidatura del Dr. Uribe, volví a votar por un nombre. Y por un hombre. Y no me pesa. Siempre me sentiré orgulloso de ser parte de más de la mitad de los colombianos que hemos confiado en él. Los áulicos del socialismo se tragarán a su debido tiempo esas palabras que vomitan aprendidas de memoria.
Con JUDAS Manuel Santos, me equivoqué. Como nos equivocamos todos los que votamos por unas ideas, metidas en un disfraz de valiente, cuando en el fondo no es más que un mequetrefe que se le acomoda a la brisa de la conveniencia. Lo reconozco, me equivoqué.
Y ayer, como lo escribí en mi muro de FB:
"Asistí a una reunión de politiqueros en Bello. Aún no se porque lo hice. Tal vez por amistad con un familiar de mi esposa. Pero que borbollón de mentiras, de cháchara barata, del mismo discurso de siempre. Nunca me había sentido tan fuera de lugar. Definitivamente no sirvo para escuchar esos promeseros de m...da..! Son un cáncer para esta Colombia hermosa. Y si, estoy p..to..!"
Hoy, con más calma, creo que puedo jurarme no volver a caer en esas ridículas reuniones, donde la mayoría de gente asiste por un trago, una cerveza o un pedazo de chorizo. Dejo constancia. Es imperdonable gastar el tiempo oyendo esa cantidad de sandeces, mentiras y estupìdeces. Lo que más indigna es ver que los candidatos con una sonrisita mañosa y sarcástica, van mirando a la concurrencia, mientras se dicen para si: "Estos ya cayeron..." Cuando llegan, van hasta el rincón más oculto, a saludar de mano y abrazo a los asistentes, creyendo que todos nos vamos a quedar sin lavarnos las manos por un mes.
Ayer, tal vez otros cayeron, porque conmigo es otro cantar.
Si un candidato dice: "Bello ya no será un municipio, será una ciudad..." pues apague y vámonos. Son clasificaciones distintas. Una cosa es la administrativa, que va desde los corregimientos, municipios, departamentos, distritos ....(Sociales de segundo primaria) y otra lo es por características físicas: caserío, pueblo, ciudad.... Y si los que dirigen, no saben distinguir, que podemos esperar. Según ellos, Medellín no es un municipio..? O Bucaramanga..? O Cali..?
No se puede confundir en medio de la idiotez.
Alguien, ante mi asombro y reclamo por tanta inconsistencia en las ideas de los futuros dirigentes, me dijo: "Y entonces, Ud que hace aqui, contradiciendo todo...?"
En un instante recapacité y salí raudo de ese salón al cual nunca debí entrar.
jueves, 25 de agosto de 2011
JAIME GONZALEZ, pereirano y buen amigo.
Era esa casa, lo que el había soñado para pasar los días en que no tendría que trabajar, donde podría mirar pasar el tiempo sin afanes, disfrutando del buen sabor de un aguardiente, mientras sentado en las mecedoras del corredor contemplaba el rio, dejaba ir por su mente recuerdos y soñaba con más ilusiones.
Jaime González Angel había nacido en Pereira, portaba la raza del viejo Antioquia en su sangre, así como era dueño también de una bondad que rayaba "en la pendejería" como el mismo decía. Después de trabajar en Bavaria y como ejecutivo en varias empresas del país, llegó a Bucaramanga en plan de aventura y huyendo del dolor de un primer matrimonio que se había desbaratado hacía poco. Durmió una noche en alguna banca del Parque Santander de la 36 con 19 mientras la Sagrada Familia le cuidaba el sueño. Al día siguiente, sin dinero en su bolsillo y aparentemente sin futuro, bajó hasta la calle 35 con 14 y en el Almacén Valher encontró no solamente un amigo, sino también un trabajo que le permitió arrancar de nuevo.
Empezó a cogerle el tiro a la nueva ciudad en su colección de territorios que iba haciendo propios, mientras se acomodaba en un apartamento de la cra 15 adelante de la 41 en una época en que la avenida solo llegaba a la 45 y cuando se podía vivir en el centro. Estaba apenas terminando la década del sesenta.
Fiel seguidor de la mujer, se fue dejando enredar por una que se pegó de su buen estilo para vivir bien. Entre su trabajo en Exclusivas, una distribuidora textil; los aguardienticos del fin de semana y el orgullo de mostrar su conquista que ya le había dado una hija más, fue haciendo nuevos amigos.
Por aquellos días tuve la fortuna de encontrar su amistad, ligada por una carámbola de tipo familiar. Su mujer era hermana de quien por aquellos días había empezado a enredar mis cariños afectivos.
El compartir en medio del parentesco fue haciendo crecer una amistad que se afianzaba en gustos similares por la lectura, por la bohemia pura y por esa música que resalta los valores colombianistas. Primo hermano del Poeta de la Raza, Luis Carlos González; tenía tintes de verseador y entretenía los ratos de conversación con buenas frases y un fino humor.
Viviendo ya frente al Colegio de la Presentación, por la calle 56, donde una curva convierte la avenida en la "carretera" que va hacia Pan de Azúcar, alguna vez me pidió que le ayudara a buscar un lote rural cercano, pues quería hacer una finca para pasar su edad de descanso.
Con mi papá nos dedicamos al encargo y muy pronto logramos contactar al dueño de San Julián, a quien se le sugirió la compra de un pedazo de terreno que hacía vecindad con el río, a la izquierda, justo cuando se pasa el puente de Case´tabla, por la via de Rionegro hacia Santa Cruz de la Colina.
A su gusto, con ingeniero a bordo, levantó la casa acogedora y bonita que muchos conocimos, con una piscina que "serviría para contemplar y admirar a su mujer mientras tomaba el sol". Esa era su ilusión, pero jamás se le cumplió, porque el genio y el pésimo orgullo de su compañera le impedían complacerlo. Sembró arboles, cuidó su tierra y consitió un par de loras que le conversaban y varios perros que acompañaban sus pasos por la vereda.
Igual "el compadre" como lo conocíamos todos por su forma de saludar a quienes se acercaban a su lado, se fue ganando el cariño del vecindario y muy pronto se sintió un amigo de la gente que compartía el paisaje. Se volvió un benefactor de quienes le necesitaban, trabajó hombro a hombro en la creación de Cadesoc AGRORIO y en los fines de semana compartía con quienes íbamos de paseo a disfrutar de una finca que siempre ponía a las órdenes de todos.
Mientras tanto, su emperifollada y orgullosa mujer, iba haciendo toldo aparte. Alguna vez que llegamos un sábado con mis hijos a compartir el fin de semana, nos encontramos con la sorpresa del matrimonio eclesiástico y vestida de blanco de quien hasta esa semana lo había acompañado. Caminó, llorando, por los alrededores de la Iglesia del Divino Niño, mientras la susodicha le daba el si a un abogaducho tramposo y vividor.
Fue un tiempo duro, de mucho sufrimiento para alguien que aiempre pensaba en el bienestar de la ingrata, que conchuda a morir, después de la luna de miel empezó a ir los fines de semana con marido y todo, aprovechando esa "pendejería" que sabía explotar.
En uno de los puentes de agosto fui con un par de amigos, coincidimos con los intrusos y con la valentía que dan la amistad verdadera y unos tragos en la cabeza, les formamos el "tierrero" y esa misma noche tuvieron que salir con el rabo entre las piernas y regresarse con todos los amigotes que iban a ponerse de ruana a Jaime, al punto de hacerlo servir cervezas, aguardiente y comida, algo que el nunca hacía físicamente con los amigos.
Pasado el buen suceso para su espíritu, madrugamos sin dormir, a Case´tabla por unas cervezas y allí recibimos las felicitaciones de todos los vecinos que esa hora esperaban el corte de carne del domingo. Nos llovieron cervezas y palabras de satisfacción por haber "corrido a esos sinvergüenzas que se aprovechan de la bondad de don Jaime".
Su vida siguíó en la soledad de una casa que habia soñado diferente, pero la permanente visita de amigos, vecinos y algunos parientes que venian de su natal Pereira, fueron ayudando a superar ese vacío.
Como yo estaba a cargo de Valparaiso, por la reciente muerte de mi papá, aprovechaba para en mis idas allí, pasar a quedarme en las noches en EL Cielo, -como llamaba a su parcela- y entre charlas, conversas y aguardientes, ir haciéndole crear un callo en ese corazón que, me decía una tarde, "creí que se desbarataba, compadre..!"
Fueron muchas las personas de Rionegro, de Bucaramanga, de Santa Cruz de la Colina, que supieron de su amistad, de su bondad y contribuyeron para que sus horas se fueran limpiando del desengaño.
Ayudé -desafortunadamente- a que por sus predios y por su vida, volviera uno de los amigos que lo había abandonado cuando más lo necesitaba. Había sido un vendedor en Exclusivas y por divergencias entre Mery y la diminuta mujer del amigo, se había alejado. Lo busqué en Bucaramanga y le pedí que cayeran de sorpresa por la finca. Fue un momento muy emocionante el reencuentro. De allí en adelante no fallaron en sus visitas, pero después del viaje obligado de Jaime para Pereira, se adueñaron de la finca y por poco se quedan con ella.
Una tarde, estando con la familia Corredor, amigos mios de vieja data, mientras se servía la carne asada que no faltaba, lo vimos hacer unos gestos raros, mientras se sostenía dificilmente de una pared. Estaba a punto de sufrir un derrame cerebral, que afortunadamente y porque corrimos con el, al Hospital de Rionegro, no alcanzó a dañar su movilidad. Pero si se le prohibió el trago, un poco de sus comidas favoritas y ya no fue igual su vida. El "amigo de marras" llamó a Pereira para que su familia viniera por él, algo que se hizo sin que yo supiera y hasta ahi llegó su vida en esa región que quiso con el alma. Eran los finales del año 87.....
Hace unos tres años fuimos con Vicky a visitarlos a Frailes, la finca familiar de los Gonzalez, arriba de Pereira. Ya estaba en los 89 años, había perdido mucho su visión, su oido y los achaques de los años dificultaban su trasegar.
Hace dos años se marchó a la eternidad, pero creo que en quienes lo conocimos quedó un buen recuerdo y la gratitud a su bondad y a su buen conversar.
Creo que en una próxima nota relataré algunas de sus anécdotas, que son bastantes, divertidas y con enseñanzas de vida. No en vano el repetía "Compadre, llevo toda la vida aprendiendo y aún no he pasado el curso".
Jaime González Angel había nacido en Pereira, portaba la raza del viejo Antioquia en su sangre, así como era dueño también de una bondad que rayaba "en la pendejería" como el mismo decía. Después de trabajar en Bavaria y como ejecutivo en varias empresas del país, llegó a Bucaramanga en plan de aventura y huyendo del dolor de un primer matrimonio que se había desbaratado hacía poco. Durmió una noche en alguna banca del Parque Santander de la 36 con 19 mientras la Sagrada Familia le cuidaba el sueño. Al día siguiente, sin dinero en su bolsillo y aparentemente sin futuro, bajó hasta la calle 35 con 14 y en el Almacén Valher encontró no solamente un amigo, sino también un trabajo que le permitió arrancar de nuevo.
Empezó a cogerle el tiro a la nueva ciudad en su colección de territorios que iba haciendo propios, mientras se acomodaba en un apartamento de la cra 15 adelante de la 41 en una época en que la avenida solo llegaba a la 45 y cuando se podía vivir en el centro. Estaba apenas terminando la década del sesenta.
Fiel seguidor de la mujer, se fue dejando enredar por una que se pegó de su buen estilo para vivir bien. Entre su trabajo en Exclusivas, una distribuidora textil; los aguardienticos del fin de semana y el orgullo de mostrar su conquista que ya le había dado una hija más, fue haciendo nuevos amigos.
Por aquellos días tuve la fortuna de encontrar su amistad, ligada por una carámbola de tipo familiar. Su mujer era hermana de quien por aquellos días había empezado a enredar mis cariños afectivos.
El compartir en medio del parentesco fue haciendo crecer una amistad que se afianzaba en gustos similares por la lectura, por la bohemia pura y por esa música que resalta los valores colombianistas. Primo hermano del Poeta de la Raza, Luis Carlos González; tenía tintes de verseador y entretenía los ratos de conversación con buenas frases y un fino humor.
Viviendo ya frente al Colegio de la Presentación, por la calle 56, donde una curva convierte la avenida en la "carretera" que va hacia Pan de Azúcar, alguna vez me pidió que le ayudara a buscar un lote rural cercano, pues quería hacer una finca para pasar su edad de descanso.
Con mi papá nos dedicamos al encargo y muy pronto logramos contactar al dueño de San Julián, a quien se le sugirió la compra de un pedazo de terreno que hacía vecindad con el río, a la izquierda, justo cuando se pasa el puente de Case´tabla, por la via de Rionegro hacia Santa Cruz de la Colina.
A su gusto, con ingeniero a bordo, levantó la casa acogedora y bonita que muchos conocimos, con una piscina que "serviría para contemplar y admirar a su mujer mientras tomaba el sol". Esa era su ilusión, pero jamás se le cumplió, porque el genio y el pésimo orgullo de su compañera le impedían complacerlo. Sembró arboles, cuidó su tierra y consitió un par de loras que le conversaban y varios perros que acompañaban sus pasos por la vereda.
Igual "el compadre" como lo conocíamos todos por su forma de saludar a quienes se acercaban a su lado, se fue ganando el cariño del vecindario y muy pronto se sintió un amigo de la gente que compartía el paisaje. Se volvió un benefactor de quienes le necesitaban, trabajó hombro a hombro en la creación de Cadesoc AGRORIO y en los fines de semana compartía con quienes íbamos de paseo a disfrutar de una finca que siempre ponía a las órdenes de todos.
Mientras tanto, su emperifollada y orgullosa mujer, iba haciendo toldo aparte. Alguna vez que llegamos un sábado con mis hijos a compartir el fin de semana, nos encontramos con la sorpresa del matrimonio eclesiástico y vestida de blanco de quien hasta esa semana lo había acompañado. Caminó, llorando, por los alrededores de la Iglesia del Divino Niño, mientras la susodicha le daba el si a un abogaducho tramposo y vividor.
Fue un tiempo duro, de mucho sufrimiento para alguien que aiempre pensaba en el bienestar de la ingrata, que conchuda a morir, después de la luna de miel empezó a ir los fines de semana con marido y todo, aprovechando esa "pendejería" que sabía explotar.
En uno de los puentes de agosto fui con un par de amigos, coincidimos con los intrusos y con la valentía que dan la amistad verdadera y unos tragos en la cabeza, les formamos el "tierrero" y esa misma noche tuvieron que salir con el rabo entre las piernas y regresarse con todos los amigotes que iban a ponerse de ruana a Jaime, al punto de hacerlo servir cervezas, aguardiente y comida, algo que el nunca hacía físicamente con los amigos.
Pasado el buen suceso para su espíritu, madrugamos sin dormir, a Case´tabla por unas cervezas y allí recibimos las felicitaciones de todos los vecinos que esa hora esperaban el corte de carne del domingo. Nos llovieron cervezas y palabras de satisfacción por haber "corrido a esos sinvergüenzas que se aprovechan de la bondad de don Jaime".
Su vida siguíó en la soledad de una casa que habia soñado diferente, pero la permanente visita de amigos, vecinos y algunos parientes que venian de su natal Pereira, fueron ayudando a superar ese vacío.
Como yo estaba a cargo de Valparaiso, por la reciente muerte de mi papá, aprovechaba para en mis idas allí, pasar a quedarme en las noches en EL Cielo, -como llamaba a su parcela- y entre charlas, conversas y aguardientes, ir haciéndole crear un callo en ese corazón que, me decía una tarde, "creí que se desbarataba, compadre..!"
Fueron muchas las personas de Rionegro, de Bucaramanga, de Santa Cruz de la Colina, que supieron de su amistad, de su bondad y contribuyeron para que sus horas se fueran limpiando del desengaño.
Ayudé -desafortunadamente- a que por sus predios y por su vida, volviera uno de los amigos que lo había abandonado cuando más lo necesitaba. Había sido un vendedor en Exclusivas y por divergencias entre Mery y la diminuta mujer del amigo, se había alejado. Lo busqué en Bucaramanga y le pedí que cayeran de sorpresa por la finca. Fue un momento muy emocionante el reencuentro. De allí en adelante no fallaron en sus visitas, pero después del viaje obligado de Jaime para Pereira, se adueñaron de la finca y por poco se quedan con ella.
Una tarde, estando con la familia Corredor, amigos mios de vieja data, mientras se servía la carne asada que no faltaba, lo vimos hacer unos gestos raros, mientras se sostenía dificilmente de una pared. Estaba a punto de sufrir un derrame cerebral, que afortunadamente y porque corrimos con el, al Hospital de Rionegro, no alcanzó a dañar su movilidad. Pero si se le prohibió el trago, un poco de sus comidas favoritas y ya no fue igual su vida. El "amigo de marras" llamó a Pereira para que su familia viniera por él, algo que se hizo sin que yo supiera y hasta ahi llegó su vida en esa región que quiso con el alma. Eran los finales del año 87.....
Hace unos tres años fuimos con Vicky a visitarlos a Frailes, la finca familiar de los Gonzalez, arriba de Pereira. Ya estaba en los 89 años, había perdido mucho su visión, su oido y los achaques de los años dificultaban su trasegar.
Hace dos años se marchó a la eternidad, pero creo que en quienes lo conocimos quedó un buen recuerdo y la gratitud a su bondad y a su buen conversar.
Creo que en una próxima nota relataré algunas de sus anécdotas, que son bastantes, divertidas y con enseñanzas de vida. No en vano el repetía "Compadre, llevo toda la vida aprendiendo y aún no he pasado el curso".
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