"El algo de la familia
por fin nos vino a tocar,
en esta tarde tranquila,
nos vamos a organizar
bienvenidos al repique
un saludo bien sincero
de parte de Chucho y Vicky
sigánse, pues, bien ligero..!
Desde temprano aqui están,
Jorge, Rosalba y don Hugo
dispuestos a festejar
pero no con fresco y jugo,
uno comiéndose todo,
ellos con algo en la mente
seguro no hay que rogarles
pa´que beban aguardiente.
El "flaco" Nodier entonces
va a pedir un adelanto,
una prueba solamente
comer no le gusta tanto,
Lina con la Carolina
apenas se hacen ojos,
porque el papá no escatima
saboreando los antojos.
William vino con Blanquita
llegaron haciendo bulla
se vinieron sin la hija
que viene con quien la arrulla,
hay un integrante nuevo
y es un noviazgo reciente
Jocelyne está feliz
a todas horas sonriente.
Wilmar vino con la Mona
Miguel Angel y Manuela
y con la hija adoptiva
Nicole, "juiciosa" en la escuela..
de genio hoy está muy bien
hasta le brillan los ojos,
no me le hablen a la Mona
sino de un equipo rojo.
Los Montoya Jaramillo
llegaron con sus tres hijos
Nelson y Olga Lucía
ellos estaban bien fijos
cual es más conversador
que se les oiga la voz,
pa´que rompan "ipsofacto"
el silencio tan atroz.
El algo está bien sencillo
pero tiene condimentos,
un tarrao de cariño
y mucho de sentimiento
ojála que bien les guste
lo hicimos con mucho empeño,
es producto de labranzas
de nuestro suelo antioqueño.
Ahora que venga otro
verso, con mucha emoción
que "la morada es pequeña,
pero grande el corazón"
Un saludo que se vuele
al aire y con mucho afán
pa´que llegue con afecto
a los que ahora no están.
Le mandamos un abrazo
"rompecostillas" a Orlando
que bueno que aqui estuviera
con Elizabeth gozando
hoy unimos la familia
a través del Facebook (léase como suena en español)
y cantándoles los versos
que espero suenen muy ok. (léase uk)
Saludamos desde aquí
a Jenny y a sus amores,
a Yaneth en "los extranjas"
a Brian y Amalia Flores,
a Gildardo con Emilce
y a Kelly en los Emiratos
a Yudy Alejandra, y van
muchos saludos del gato.
Empecemos esta vaina
porque nos llega el domingo
"antioqueñita" la Vicky
y Chucho que es un "re-pingo"
les damos la bienvenida
disfrutemos este día
y empecemos con los juegos
pa´que reine la alegría.
Cantarlas con esta pista: http://www.youtube.com/watch?v=nfb2WaaJ5FQ
viernes, 14 de octubre de 2011
DE ALGOS y otras vainas...!
Por usanza de tierras antioqueñas, es una tradición el ALGO. Una comida intermedia, ligera, a manera de disculpa para reunirse a conversar y que se sirve al caer la tarde. Es pariente cercano de las ONCES santandereanas.
La familia materna de mi esposa, es decir los hijos y descendientes de doña Rosa Emilia Fonnegra, hace unos años tenían organizado el reunirse cada mes para este propósito. Eso era "cuando estábamos allá y la familia estaba completa" dijo en estos días Orlando, uno de los hijos que está por fuera de Colombia.
Ahora en el 2011 se ha revivido esta costumbre. Cada més, en el último sábado o en el que se pudo, nos fuimos integrando con asistencia a las distintas casas de cada familia. Así lo hicimos desde Febrero, hasta ayer, que nos tocó el remate en nuestro apartamento, aunque por una carambola del destino, al estar desocupado desde el viernes el primer piso y con anuencia de mis suegros, lo celebramos en una locación más amplia.
Pero quisimos hacer una terminación diferente. Y creo que lo logramos. Aunque un poco más tarde de la hora citada, por algunos inconvenientes de trabajo en los invitados, arrancamos -o iniciamos, como la moda de los periodistas- con unas trovas "dobletiadas" que aunque no improvisadas, si salidas de mi imaginación. En unas se narran "características" de cada familia, otras para saludar a los ausentes y otrás más para reafirmar la invitación.
Este estilo musical, muy de esta tierra y con cierto humor y "picante" es de buen recibo por parte de la gente. Así que se gozó bastante con ellas.
La idea de "cantarlas" al ritmo de una pista que hay en Youtube la tuvimos que descartar porque la continuidad se perdía en medio de la algarabía, los aplausos y las risas al terminar cada una de ellas. Así que "a palo seco" continuamos con la trovada. La primera y la última las hicimos a dos voces con mi esposa y en las otras fuimos alternando, pretendiendo con esto evitar que nos bautizaran como el dueto LOS INDEPENDIENTES, por aquello de cantar cada uno por su lado.
Luego pasamos a los juegos de integración, donde cada familia, incluidos los niños, participaban recordando objetos de una lámina, haciendo mímica para adivinar canciones, recordando listados de objetos específicos (nombres de flores, pueblos de Antioquia, palábras esdrújulas).... y buscando canciones en la mente según una palabra dada.
CONCENTRESE PARA QUE NO SE LE OLVIDE, DÍGALO CANTANDO, ADIVINE LA ACCIÓN, PALABRAS BOMBA.... fueron juegos que se convirtieron en una buena manera de integrar hijos y padres en torno a un objetivo, se recordaron cositas de nuestra historia, geografía, español, que a veces desde los tiempos de la escuela se echan al olvido. Y lo mejor, nos permitió distensionarnos al máximo de los compromisos laborales de la semana.Sumados los puntajes de cada núcleo familiar les entregamos los premios a Adriana y a Wilmar. Un paquetico con productos cosméticos para la familia y otro, un modelo de MINIminiatruras de los que día a día hacemos con nuestras manos.
El centro principal del algo, el plato en si, consistió en un pastelón de plátano maduro al horno, acompañado de unas yuquitas fritas, bien crocantes. El mejor comentario para la obra culinaria que nos puso a madrugar un par de días y donde hasta discusiones tuvimos haciéndolo, fue el dejar los platos totamente limpios, los estómagos satisfechos y una tranquilidad de esas que uso siempre. La del "deber cumplido".
Al calorcito del guarito antioqueño, que no puede faltar, de la alegría contagiosa de una época ya muy olorosa a buñuelos y a villancicos, disfrutamos mucho. Creo que lo mismo pueden decir todos los asitentes a esta reunión e incluso, quienes están lejos, proque también los integramos en los mensajes del Facebook y en las trovas.Lo hemos hecho con todo el gusto y s itocara repetir, no lo duden.... como digo en la trova, tomando una frase de Pedro Camacho, el "escribidor" de radionovelas en LA TIA JULIA Y EL ESCRIBIDOR, de Mario Vargas Llosa; "LA MORADA ES PEQUEÑA, PERO EL CORAZÓN ES GRANDE". Bienvenidos, cuando quieran..!
Y creo que no está lejos.... ya viene la fiesta de disfraces...!
La familia materna de mi esposa, es decir los hijos y descendientes de doña Rosa Emilia Fonnegra, hace unos años tenían organizado el reunirse cada mes para este propósito. Eso era "cuando estábamos allá y la familia estaba completa" dijo en estos días Orlando, uno de los hijos que está por fuera de Colombia.
Ahora en el 2011 se ha revivido esta costumbre. Cada més, en el último sábado o en el que se pudo, nos fuimos integrando con asistencia a las distintas casas de cada familia. Así lo hicimos desde Febrero, hasta ayer, que nos tocó el remate en nuestro apartamento, aunque por una carambola del destino, al estar desocupado desde el viernes el primer piso y con anuencia de mis suegros, lo celebramos en una locación más amplia.
Pero quisimos hacer una terminación diferente. Y creo que lo logramos. Aunque un poco más tarde de la hora citada, por algunos inconvenientes de trabajo en los invitados, arrancamos -o iniciamos, como la moda de los periodistas- con unas trovas "dobletiadas" que aunque no improvisadas, si salidas de mi imaginación. En unas se narran "características" de cada familia, otras para saludar a los ausentes y otrás más para reafirmar la invitación.
Este estilo musical, muy de esta tierra y con cierto humor y "picante" es de buen recibo por parte de la gente. Así que se gozó bastante con ellas.
La idea de "cantarlas" al ritmo de una pista que hay en Youtube la tuvimos que descartar porque la continuidad se perdía en medio de la algarabía, los aplausos y las risas al terminar cada una de ellas. Así que "a palo seco" continuamos con la trovada. La primera y la última las hicimos a dos voces con mi esposa y en las otras fuimos alternando, pretendiendo con esto evitar que nos bautizaran como el dueto LOS INDEPENDIENTES, por aquello de cantar cada uno por su lado.
Luego pasamos a los juegos de integración, donde cada familia, incluidos los niños, participaban recordando objetos de una lámina, haciendo mímica para adivinar canciones, recordando listados de objetos específicos (nombres de flores, pueblos de Antioquia, palábras esdrújulas).... y buscando canciones en la mente según una palabra dada.
CONCENTRESE PARA QUE NO SE LE OLVIDE, DÍGALO CANTANDO, ADIVINE LA ACCIÓN, PALABRAS BOMBA.... fueron juegos que se convirtieron en una buena manera de integrar hijos y padres en torno a un objetivo, se recordaron cositas de nuestra historia, geografía, español, que a veces desde los tiempos de la escuela se echan al olvido. Y lo mejor, nos permitió distensionarnos al máximo de los compromisos laborales de la semana.Sumados los puntajes de cada núcleo familiar les entregamos los premios a Adriana
El centro principal del algo, el plato en si, consistió en un pastelón de plátano maduro al horno, acompañado de unas yuquitas fritas, bien crocantes. El mejor comentario para la obra culinaria que nos puso a madrugar un par de días y donde hasta discusiones tuvimos haciéndolo, fue el dejar los platos totamente limpios, los estómagos satisfechos y una tranquilidad de esas que uso siempre. La del "deber cumplido".
Al calorcito del guarito antioqueño, que no puede faltar, de la alegría contagiosa de una época ya muy olorosa a buñuelos y a villancicos, disfrutamos mucho. Creo que lo mismo pueden decir todos los asitentes a esta reunión e incluso, quienes están lejos, proque también los integramos en los mensajes del Facebook y en las trovas.Lo hemos hecho con todo el gusto y s itocara repetir, no lo duden.... como digo en la trova, tomando una frase de Pedro Camacho, el "escribidor" de radionovelas en LA TIA JULIA Y EL ESCRIBIDOR, de Mario Vargas Llosa; "LA MORADA ES PEQUEÑA, PERO EL CORAZÓN ES GRANDE". Bienvenidos, cuando quieran..!
Y creo que no está lejos.... ya viene la fiesta de disfraces...!
sábado, 3 de septiembre de 2011
PORQUE NO CREO MAS.... en politiqueros.
Cuando empecé a ver a mi papá en sus gustos políticos, me animé a seguirlo. Eran los años del Frente Nacional y no había tanta rapiña por los escaños del congreso. En tiempos de transición, todo estaba arreglado.
Mi viejo era liberal y así me enseñó a serlo. Pero de los de antes. Los de ahora, hacen dar vergüenza ajena. Seguía mi padre las banderas rojas, votaba con pasión, defendía ideales, argumentaba con razón.
Sufrió sustos por ser liberal en esos días que los periódicos llamaban "de la violencia". En El Diviso, por la carretera de Rionegro a Santa Cruz de la Colina, sintió el cañón de un fusil chulavita, rozándole la piel del estómago. Que lo salvó? La suerte. Y mi mamá decía que sus oraciones.
En Agosto de 1977 recibí mi cédula de ciudadano colombiano. Pensé con alegría en el momento en que depositaría mi primer voto. Lamentablemente fue por el que -talvez no le entendimos- gobernó con los más funestos y los más rapaces. Ya había estado gritando vivas a López Michelsen en el 74, por aquella calle 36 de Bucaramanga, que desde el Parque García Rovira hasta el Santander, se volvía zona de votación en esos domingos "democráticos". Pero allá era menor de edad y solo pude hacer bulla.
Después, cuando se lanzó la candidatura del Dr. Luis Carlos Galán, creí en sus ideas, en sus postulados y en su valentía y adherí al Nuevo Liberalismo.
Sin pensar en el "que voy a pedir, que me van a dar" trabajé toda la campaña. Sacaba grandes ratos de las noches para ir a reuniones diarias, pegar afiches, pintar murales e incluso ser parte del cuerpo de seguridad del candidato en una visita a la ciudad. Hacíamos una cadena de casi treinta personas, entrelazando los brazos, rodeando a Galán, mientras el caminaba saludando a su gente. Pudimos ser el cartoncito con círculos y números de algun enemigo. Pero era mi convicción.
En las elecciones parlamentarias vi una de las grandes traiciones. Un politiquero tradicional del departamento, narizón por más señas y quien luego sería Contralor de la república, logró su puesto de senador con los votos de los galanistas y ese mismo lunes, amaneció siendo lopista. Y sin vergüenza. Bueno, sinvergüenza ya era.
Luego, en las presidenciales, se perdió el poder y vino don "Pascual" -Cual Paz..?- Betancur a "pendejiar" en la silla presidencial.
Por mi trabajo en el Nuevo Liberalismo me ofrecieron dos becas para estudiantes de secundaria, que tranpasé a un par de parientes, de quienes jamás recibí un gracias. No importa... esa no ha sido mi razón de ser. Se da y si se recibe, bien. Si no, igual. De desagradecidos está empedrado el mundo.
Cuando mi papá agonizaba, en el 84, entré a la casa del Parque Bolivar a contarles de su enfermedad. Recibí una andanada de insultos por parte de un "señor" Camacho, que luego sería Gobernador y más tarde presidiario -ahí senti un fresquito-, culpándome del cambio de unas papeletas -votos de entonces- a favor de la Confederación, solo por ser rionegrano. Insultó y además, confundió. Ese nunca ha sido mi estilo.
Me alejé de esas actividades. Siempre he votado, porque es un derecho y un deber, pero lo hago en BLANCO.
Solo cuando apareció la candidatura del Dr. Uribe, volví a votar por un nombre. Y por un hombre. Y no me pesa. Siempre me sentiré orgulloso de ser parte de más de la mitad de los colombianos que hemos confiado en él. Los áulicos del socialismo se tragarán a su debido tiempo esas palabras que vomitan aprendidas de memoria.
Con JUDAS Manuel Santos, me equivoqué. Como nos equivocamos todos los que votamos por unas ideas, metidas en un disfraz de valiente, cuando en el fondo no es más que un mequetrefe que se le acomoda a la brisa de la conveniencia. Lo reconozco, me equivoqué.
Y ayer, como lo escribí en mi muro de FB:
"Asistí a una reunión de politiqueros en Bello. Aún no se porque lo hice. Tal vez por amistad con un familiar de mi esposa. Pero que borbollón de mentiras, de cháchara barata, del mismo discurso de siempre. Nunca me había sentido tan fuera de lugar. Definitivamente no sirvo para escuchar esos promeseros de m...da..! Son un cáncer para esta Colombia hermosa. Y si, estoy p..to..!"
Hoy, con más calma, creo que puedo jurarme no volver a caer en esas ridículas reuniones, donde la mayoría de gente asiste por un trago, una cerveza o un pedazo de chorizo. Dejo constancia. Es imperdonable gastar el tiempo oyendo esa cantidad de sandeces, mentiras y estupìdeces. Lo que más indigna es ver que los candidatos con una sonrisita mañosa y sarcástica, van mirando a la concurrencia, mientras se dicen para si: "Estos ya cayeron..." Cuando llegan, van hasta el rincón más oculto, a saludar de mano y abrazo a los asistentes, creyendo que todos nos vamos a quedar sin lavarnos las manos por un mes.
Ayer, tal vez otros cayeron, porque conmigo es otro cantar.
Si un candidato dice: "Bello ya no será un municipio, será una ciudad..." pues apague y vámonos. Son clasificaciones distintas. Una cosa es la administrativa, que va desde los corregimientos, municipios, departamentos, distritos ....(Sociales de segundo primaria) y otra lo es por características físicas: caserío, pueblo, ciudad.... Y si los que dirigen, no saben distinguir, que podemos esperar. Según ellos, Medellín no es un municipio..? O Bucaramanga..? O Cali..?
No se puede confundir en medio de la idiotez.
Alguien, ante mi asombro y reclamo por tanta inconsistencia en las ideas de los futuros dirigentes, me dijo: "Y entonces, Ud que hace aqui, contradiciendo todo...?"
En un instante recapacité y salí raudo de ese salón al cual nunca debí entrar.
Mi viejo era liberal y así me enseñó a serlo. Pero de los de antes. Los de ahora, hacen dar vergüenza ajena. Seguía mi padre las banderas rojas, votaba con pasión, defendía ideales, argumentaba con razón.
Sufrió sustos por ser liberal en esos días que los periódicos llamaban "de la violencia". En El Diviso, por la carretera de Rionegro a Santa Cruz de la Colina, sintió el cañón de un fusil chulavita, rozándole la piel del estómago. Que lo salvó? La suerte. Y mi mamá decía que sus oraciones.
En Agosto de 1977 recibí mi cédula de ciudadano colombiano. Pensé con alegría en el momento en que depositaría mi primer voto. Lamentablemente fue por el que -talvez no le entendimos- gobernó con los más funestos y los más rapaces. Ya había estado gritando vivas a López Michelsen en el 74, por aquella calle 36 de Bucaramanga, que desde el Parque García Rovira hasta el Santander, se volvía zona de votación en esos domingos "democráticos". Pero allá era menor de edad y solo pude hacer bulla.
Después, cuando se lanzó la candidatura del Dr. Luis Carlos Galán, creí en sus ideas, en sus postulados y en su valentía y adherí al Nuevo Liberalismo.
Sin pensar en el "que voy a pedir, que me van a dar" trabajé toda la campaña. Sacaba grandes ratos de las noches para ir a reuniones diarias, pegar afiches, pintar murales e incluso ser parte del cuerpo de seguridad del candidato en una visita a la ciudad. Hacíamos una cadena de casi treinta personas, entrelazando los brazos, rodeando a Galán, mientras el caminaba saludando a su gente. Pudimos ser el cartoncito con círculos y números de algun enemigo. Pero era mi convicción.
En las elecciones parlamentarias vi una de las grandes traiciones. Un politiquero tradicional del departamento, narizón por más señas y quien luego sería Contralor de la república, logró su puesto de senador con los votos de los galanistas y ese mismo lunes, amaneció siendo lopista. Y sin vergüenza. Bueno, sinvergüenza ya era.
Luego, en las presidenciales, se perdió el poder y vino don "Pascual" -Cual Paz..?- Betancur a "pendejiar" en la silla presidencial.
Por mi trabajo en el Nuevo Liberalismo me ofrecieron dos becas para estudiantes de secundaria, que tranpasé a un par de parientes, de quienes jamás recibí un gracias. No importa... esa no ha sido mi razón de ser. Se da y si se recibe, bien. Si no, igual. De desagradecidos está empedrado el mundo.
Cuando mi papá agonizaba, en el 84, entré a la casa del Parque Bolivar a contarles de su enfermedad. Recibí una andanada de insultos por parte de un "señor" Camacho, que luego sería Gobernador y más tarde presidiario -ahí senti un fresquito-, culpándome del cambio de unas papeletas -votos de entonces- a favor de la Confederación, solo por ser rionegrano. Insultó y además, confundió. Ese nunca ha sido mi estilo.
Me alejé de esas actividades. Siempre he votado, porque es un derecho y un deber, pero lo hago en BLANCO.
Solo cuando apareció la candidatura del Dr. Uribe, volví a votar por un nombre. Y por un hombre. Y no me pesa. Siempre me sentiré orgulloso de ser parte de más de la mitad de los colombianos que hemos confiado en él. Los áulicos del socialismo se tragarán a su debido tiempo esas palabras que vomitan aprendidas de memoria.
Con JUDAS Manuel Santos, me equivoqué. Como nos equivocamos todos los que votamos por unas ideas, metidas en un disfraz de valiente, cuando en el fondo no es más que un mequetrefe que se le acomoda a la brisa de la conveniencia. Lo reconozco, me equivoqué.
Y ayer, como lo escribí en mi muro de FB:
"Asistí a una reunión de politiqueros en Bello. Aún no se porque lo hice. Tal vez por amistad con un familiar de mi esposa. Pero que borbollón de mentiras, de cháchara barata, del mismo discurso de siempre. Nunca me había sentido tan fuera de lugar. Definitivamente no sirvo para escuchar esos promeseros de m...da..! Son un cáncer para esta Colombia hermosa. Y si, estoy p..to..!"
Hoy, con más calma, creo que puedo jurarme no volver a caer en esas ridículas reuniones, donde la mayoría de gente asiste por un trago, una cerveza o un pedazo de chorizo. Dejo constancia. Es imperdonable gastar el tiempo oyendo esa cantidad de sandeces, mentiras y estupìdeces. Lo que más indigna es ver que los candidatos con una sonrisita mañosa y sarcástica, van mirando a la concurrencia, mientras se dicen para si: "Estos ya cayeron..." Cuando llegan, van hasta el rincón más oculto, a saludar de mano y abrazo a los asistentes, creyendo que todos nos vamos a quedar sin lavarnos las manos por un mes.
Ayer, tal vez otros cayeron, porque conmigo es otro cantar.
Si un candidato dice: "Bello ya no será un municipio, será una ciudad..." pues apague y vámonos. Son clasificaciones distintas. Una cosa es la administrativa, que va desde los corregimientos, municipios, departamentos, distritos ....(Sociales de segundo primaria) y otra lo es por características físicas: caserío, pueblo, ciudad.... Y si los que dirigen, no saben distinguir, que podemos esperar. Según ellos, Medellín no es un municipio..? O Bucaramanga..? O Cali..?
No se puede confundir en medio de la idiotez.
Alguien, ante mi asombro y reclamo por tanta inconsistencia en las ideas de los futuros dirigentes, me dijo: "Y entonces, Ud que hace aqui, contradiciendo todo...?"
En un instante recapacité y salí raudo de ese salón al cual nunca debí entrar.
jueves, 25 de agosto de 2011
JAIME GONZALEZ, pereirano y buen amigo.
Era esa casa, lo que el había soñado para pasar los días en que no tendría que trabajar, donde podría mirar pasar el tiempo sin afanes, disfrutando del buen sabor de un aguardiente, mientras sentado en las mecedoras del corredor contemplaba el rio, dejaba ir por su mente recuerdos y soñaba con más ilusiones.
Jaime González Angel había nacido en Pereira, portaba la raza del viejo Antioquia en su sangre, así como era dueño también de una bondad que rayaba "en la pendejería" como el mismo decía. Después de trabajar en Bavaria y como ejecutivo en varias empresas del país, llegó a Bucaramanga en plan de aventura y huyendo del dolor de un primer matrimonio que se había desbaratado hacía poco. Durmió una noche en alguna banca del Parque Santander de la 36 con 19 mientras la Sagrada Familia le cuidaba el sueño. Al día siguiente, sin dinero en su bolsillo y aparentemente sin futuro, bajó hasta la calle 35 con 14 y en el Almacén Valher encontró no solamente un amigo, sino también un trabajo que le permitió arrancar de nuevo.
Empezó a cogerle el tiro a la nueva ciudad en su colección de territorios que iba haciendo propios, mientras se acomodaba en un apartamento de la cra 15 adelante de la 41 en una época en que la avenida solo llegaba a la 45 y cuando se podía vivir en el centro. Estaba apenas terminando la década del sesenta.
Fiel seguidor de la mujer, se fue dejando enredar por una que se pegó de su buen estilo para vivir bien. Entre su trabajo en Exclusivas, una distribuidora textil; los aguardienticos del fin de semana y el orgullo de mostrar su conquista que ya le había dado una hija más, fue haciendo nuevos amigos.
Por aquellos días tuve la fortuna de encontrar su amistad, ligada por una carámbola de tipo familiar. Su mujer era hermana de quien por aquellos días había empezado a enredar mis cariños afectivos.
El compartir en medio del parentesco fue haciendo crecer una amistad que se afianzaba en gustos similares por la lectura, por la bohemia pura y por esa música que resalta los valores colombianistas. Primo hermano del Poeta de la Raza, Luis Carlos González; tenía tintes de verseador y entretenía los ratos de conversación con buenas frases y un fino humor.
Viviendo ya frente al Colegio de la Presentación, por la calle 56, donde una curva convierte la avenida en la "carretera" que va hacia Pan de Azúcar, alguna vez me pidió que le ayudara a buscar un lote rural cercano, pues quería hacer una finca para pasar su edad de descanso.
Con mi papá nos dedicamos al encargo y muy pronto logramos contactar al dueño de San Julián, a quien se le sugirió la compra de un pedazo de terreno que hacía vecindad con el río, a la izquierda, justo cuando se pasa el puente de Case´tabla, por la via de Rionegro hacia Santa Cruz de la Colina.
A su gusto, con ingeniero a bordo, levantó la casa acogedora y bonita que muchos conocimos, con una piscina que "serviría para contemplar y admirar a su mujer mientras tomaba el sol". Esa era su ilusión, pero jamás se le cumplió, porque el genio y el pésimo orgullo de su compañera le impedían complacerlo. Sembró arboles, cuidó su tierra y consitió un par de loras que le conversaban y varios perros que acompañaban sus pasos por la vereda.
Igual "el compadre" como lo conocíamos todos por su forma de saludar a quienes se acercaban a su lado, se fue ganando el cariño del vecindario y muy pronto se sintió un amigo de la gente que compartía el paisaje. Se volvió un benefactor de quienes le necesitaban, trabajó hombro a hombro en la creación de Cadesoc AGRORIO y en los fines de semana compartía con quienes íbamos de paseo a disfrutar de una finca que siempre ponía a las órdenes de todos.
Mientras tanto, su emperifollada y orgullosa mujer, iba haciendo toldo aparte. Alguna vez que llegamos un sábado con mis hijos a compartir el fin de semana, nos encontramos con la sorpresa del matrimonio eclesiástico y vestida de blanco de quien hasta esa semana lo había acompañado. Caminó, llorando, por los alrededores de la Iglesia del Divino Niño, mientras la susodicha le daba el si a un abogaducho tramposo y vividor.
Fue un tiempo duro, de mucho sufrimiento para alguien que aiempre pensaba en el bienestar de la ingrata, que conchuda a morir, después de la luna de miel empezó a ir los fines de semana con marido y todo, aprovechando esa "pendejería" que sabía explotar.
En uno de los puentes de agosto fui con un par de amigos, coincidimos con los intrusos y con la valentía que dan la amistad verdadera y unos tragos en la cabeza, les formamos el "tierrero" y esa misma noche tuvieron que salir con el rabo entre las piernas y regresarse con todos los amigotes que iban a ponerse de ruana a Jaime, al punto de hacerlo servir cervezas, aguardiente y comida, algo que el nunca hacía físicamente con los amigos.
Pasado el buen suceso para su espíritu, madrugamos sin dormir, a Case´tabla por unas cervezas y allí recibimos las felicitaciones de todos los vecinos que esa hora esperaban el corte de carne del domingo. Nos llovieron cervezas y palabras de satisfacción por haber "corrido a esos sinvergüenzas que se aprovechan de la bondad de don Jaime".
Su vida siguíó en la soledad de una casa que habia soñado diferente, pero la permanente visita de amigos, vecinos y algunos parientes que venian de su natal Pereira, fueron ayudando a superar ese vacío.
Como yo estaba a cargo de Valparaiso, por la reciente muerte de mi papá, aprovechaba para en mis idas allí, pasar a quedarme en las noches en EL Cielo, -como llamaba a su parcela- y entre charlas, conversas y aguardientes, ir haciéndole crear un callo en ese corazón que, me decía una tarde, "creí que se desbarataba, compadre..!"
Fueron muchas las personas de Rionegro, de Bucaramanga, de Santa Cruz de la Colina, que supieron de su amistad, de su bondad y contribuyeron para que sus horas se fueran limpiando del desengaño.
Ayudé -desafortunadamente- a que por sus predios y por su vida, volviera uno de los amigos que lo había abandonado cuando más lo necesitaba. Había sido un vendedor en Exclusivas y por divergencias entre Mery y la diminuta mujer del amigo, se había alejado. Lo busqué en Bucaramanga y le pedí que cayeran de sorpresa por la finca. Fue un momento muy emocionante el reencuentro. De allí en adelante no fallaron en sus visitas, pero después del viaje obligado de Jaime para Pereira, se adueñaron de la finca y por poco se quedan con ella.
Una tarde, estando con la familia Corredor, amigos mios de vieja data, mientras se servía la carne asada que no faltaba, lo vimos hacer unos gestos raros, mientras se sostenía dificilmente de una pared. Estaba a punto de sufrir un derrame cerebral, que afortunadamente y porque corrimos con el, al Hospital de Rionegro, no alcanzó a dañar su movilidad. Pero si se le prohibió el trago, un poco de sus comidas favoritas y ya no fue igual su vida. El "amigo de marras" llamó a Pereira para que su familia viniera por él, algo que se hizo sin que yo supiera y hasta ahi llegó su vida en esa región que quiso con el alma. Eran los finales del año 87.....
Hace unos tres años fuimos con Vicky a visitarlos a Frailes, la finca familiar de los Gonzalez, arriba de Pereira. Ya estaba en los 89 años, había perdido mucho su visión, su oido y los achaques de los años dificultaban su trasegar.
Hace dos años se marchó a la eternidad, pero creo que en quienes lo conocimos quedó un buen recuerdo y la gratitud a su bondad y a su buen conversar.
Creo que en una próxima nota relataré algunas de sus anécdotas, que son bastantes, divertidas y con enseñanzas de vida. No en vano el repetía "Compadre, llevo toda la vida aprendiendo y aún no he pasado el curso".
Jaime González Angel había nacido en Pereira, portaba la raza del viejo Antioquia en su sangre, así como era dueño también de una bondad que rayaba "en la pendejería" como el mismo decía. Después de trabajar en Bavaria y como ejecutivo en varias empresas del país, llegó a Bucaramanga en plan de aventura y huyendo del dolor de un primer matrimonio que se había desbaratado hacía poco. Durmió una noche en alguna banca del Parque Santander de la 36 con 19 mientras la Sagrada Familia le cuidaba el sueño. Al día siguiente, sin dinero en su bolsillo y aparentemente sin futuro, bajó hasta la calle 35 con 14 y en el Almacén Valher encontró no solamente un amigo, sino también un trabajo que le permitió arrancar de nuevo.
Empezó a cogerle el tiro a la nueva ciudad en su colección de territorios que iba haciendo propios, mientras se acomodaba en un apartamento de la cra 15 adelante de la 41 en una época en que la avenida solo llegaba a la 45 y cuando se podía vivir en el centro. Estaba apenas terminando la década del sesenta.
Fiel seguidor de la mujer, se fue dejando enredar por una que se pegó de su buen estilo para vivir bien. Entre su trabajo en Exclusivas, una distribuidora textil; los aguardienticos del fin de semana y el orgullo de mostrar su conquista que ya le había dado una hija más, fue haciendo nuevos amigos.
Por aquellos días tuve la fortuna de encontrar su amistad, ligada por una carámbola de tipo familiar. Su mujer era hermana de quien por aquellos días había empezado a enredar mis cariños afectivos.
El compartir en medio del parentesco fue haciendo crecer una amistad que se afianzaba en gustos similares por la lectura, por la bohemia pura y por esa música que resalta los valores colombianistas. Primo hermano del Poeta de la Raza, Luis Carlos González; tenía tintes de verseador y entretenía los ratos de conversación con buenas frases y un fino humor.
Viviendo ya frente al Colegio de la Presentación, por la calle 56, donde una curva convierte la avenida en la "carretera" que va hacia Pan de Azúcar, alguna vez me pidió que le ayudara a buscar un lote rural cercano, pues quería hacer una finca para pasar su edad de descanso.
Con mi papá nos dedicamos al encargo y muy pronto logramos contactar al dueño de San Julián, a quien se le sugirió la compra de un pedazo de terreno que hacía vecindad con el río, a la izquierda, justo cuando se pasa el puente de Case´tabla, por la via de Rionegro hacia Santa Cruz de la Colina.
A su gusto, con ingeniero a bordo, levantó la casa acogedora y bonita que muchos conocimos, con una piscina que "serviría para contemplar y admirar a su mujer mientras tomaba el sol". Esa era su ilusión, pero jamás se le cumplió, porque el genio y el pésimo orgullo de su compañera le impedían complacerlo. Sembró arboles, cuidó su tierra y consitió un par de loras que le conversaban y varios perros que acompañaban sus pasos por la vereda.
Igual "el compadre" como lo conocíamos todos por su forma de saludar a quienes se acercaban a su lado, se fue ganando el cariño del vecindario y muy pronto se sintió un amigo de la gente que compartía el paisaje. Se volvió un benefactor de quienes le necesitaban, trabajó hombro a hombro en la creación de Cadesoc AGRORIO y en los fines de semana compartía con quienes íbamos de paseo a disfrutar de una finca que siempre ponía a las órdenes de todos.
Mientras tanto, su emperifollada y orgullosa mujer, iba haciendo toldo aparte. Alguna vez que llegamos un sábado con mis hijos a compartir el fin de semana, nos encontramos con la sorpresa del matrimonio eclesiástico y vestida de blanco de quien hasta esa semana lo había acompañado. Caminó, llorando, por los alrededores de la Iglesia del Divino Niño, mientras la susodicha le daba el si a un abogaducho tramposo y vividor.
Fue un tiempo duro, de mucho sufrimiento para alguien que aiempre pensaba en el bienestar de la ingrata, que conchuda a morir, después de la luna de miel empezó a ir los fines de semana con marido y todo, aprovechando esa "pendejería" que sabía explotar.
En uno de los puentes de agosto fui con un par de amigos, coincidimos con los intrusos y con la valentía que dan la amistad verdadera y unos tragos en la cabeza, les formamos el "tierrero" y esa misma noche tuvieron que salir con el rabo entre las piernas y regresarse con todos los amigotes que iban a ponerse de ruana a Jaime, al punto de hacerlo servir cervezas, aguardiente y comida, algo que el nunca hacía físicamente con los amigos.
Pasado el buen suceso para su espíritu, madrugamos sin dormir, a Case´tabla por unas cervezas y allí recibimos las felicitaciones de todos los vecinos que esa hora esperaban el corte de carne del domingo. Nos llovieron cervezas y palabras de satisfacción por haber "corrido a esos sinvergüenzas que se aprovechan de la bondad de don Jaime".
Su vida siguíó en la soledad de una casa que habia soñado diferente, pero la permanente visita de amigos, vecinos y algunos parientes que venian de su natal Pereira, fueron ayudando a superar ese vacío.
Como yo estaba a cargo de Valparaiso, por la reciente muerte de mi papá, aprovechaba para en mis idas allí, pasar a quedarme en las noches en EL Cielo, -como llamaba a su parcela- y entre charlas, conversas y aguardientes, ir haciéndole crear un callo en ese corazón que, me decía una tarde, "creí que se desbarataba, compadre..!"
Fueron muchas las personas de Rionegro, de Bucaramanga, de Santa Cruz de la Colina, que supieron de su amistad, de su bondad y contribuyeron para que sus horas se fueran limpiando del desengaño.
Ayudé -desafortunadamente- a que por sus predios y por su vida, volviera uno de los amigos que lo había abandonado cuando más lo necesitaba. Había sido un vendedor en Exclusivas y por divergencias entre Mery y la diminuta mujer del amigo, se había alejado. Lo busqué en Bucaramanga y le pedí que cayeran de sorpresa por la finca. Fue un momento muy emocionante el reencuentro. De allí en adelante no fallaron en sus visitas, pero después del viaje obligado de Jaime para Pereira, se adueñaron de la finca y por poco se quedan con ella.
Una tarde, estando con la familia Corredor, amigos mios de vieja data, mientras se servía la carne asada que no faltaba, lo vimos hacer unos gestos raros, mientras se sostenía dificilmente de una pared. Estaba a punto de sufrir un derrame cerebral, que afortunadamente y porque corrimos con el, al Hospital de Rionegro, no alcanzó a dañar su movilidad. Pero si se le prohibió el trago, un poco de sus comidas favoritas y ya no fue igual su vida. El "amigo de marras" llamó a Pereira para que su familia viniera por él, algo que se hizo sin que yo supiera y hasta ahi llegó su vida en esa región que quiso con el alma. Eran los finales del año 87.....
Hace unos tres años fuimos con Vicky a visitarlos a Frailes, la finca familiar de los Gonzalez, arriba de Pereira. Ya estaba en los 89 años, había perdido mucho su visión, su oido y los achaques de los años dificultaban su trasegar.
Hace dos años se marchó a la eternidad, pero creo que en quienes lo conocimos quedó un buen recuerdo y la gratitud a su bondad y a su buen conversar.
Creo que en una próxima nota relataré algunas de sus anécdotas, que son bastantes, divertidas y con enseñanzas de vida. No en vano el repetía "Compadre, llevo toda la vida aprendiendo y aún no he pasado el curso".
martes, 12 de julio de 2011
sábado, 18 de junio de 2011
Un viaje de trabajo y de sueños.
Esas noches de jueves, cuando había confirmado que mi papá me llevaría con él a Bucaramanga, en ese plan tradicional de hacer el mercado para la Cooperativa de Consumo de la Hacienda Berlín, que gerenciaba, eran de sueños y alegría.
Sabía que tenía que madrugar a las cinco y media de la mañana, para alistarme y salir con él en eso que era una aventura, acompañado, más que por mi padre, por ese amigo que tuve desde que nací.
Hacía cuentas, entre las cuentas, de que carrito me iba a comprar en un descanso de las vueltas laborales.
Seguramente habría otro de la colección de Plásticos Gacela, que por ser como de una pequeña colección y decentes en el precio, eran de mis preferidos.
Me dormía tratando de que la noche pasara lo más rápido posible y cuando me daba cuenta, ya estaba sonando en la Radio Atalaya el programa Alegría de mi Rancho, con sus coplas mañaneras, sus rancheras para el gusto de los campesinos y los mensajes -a manera de razones- que en ese tiempo era casi la única comunicación de la ciudad con el campo. "Se informa a don Cosme Villamizar, en la vereda Quebraditas del Corregimiento Santa Cruz de la Colina, que sus sobrinos viajan esta tarde en el camión lechero y que le llevan los encargos que había pedido". Por ejemplo. Era como un visionario adelanto de las vías celulares y virtuales de ahora.
Después de un baño bien frio, cuando el clima era diferente, me vestía y en menos de quince minutos ya estaba listo para emprender el viaje.
Saliamos volados por ese caminito que recuerdo con curvas y piedras, pasábamos por la cooperativa para recoger empaques y alguna cosa que faltara y por el ramal que llegaba hasta la hacienda, nos comíamos los seiscientos metros que habían hasta el cruce con la carretera de La Colina, por donde bajaría en unos minutos la buseta Ford de trompa amarilla con guardafangos rojos, para en ella enrumbarnos definitivamente hacia la capital.
Por el trayecto, mientras mi viejo conversaba con el conductor o con algún amigo, le proponía, ya en la carretera central, que jugáramos a quien adivinaba la marca del proximo carro que encontráramos. Casi siempre le ganaba, porque él, pendiente de sus temas de adulto se le olvidaba que íbamos "apostando" en ese juego donde el premio era un abrazo y su sonrisa de papá.
Pasábamos por Rionegro muy rápido y en menos tiempo del pensado, ya veía los rastrojos que abajo del barrio San Rafael me recibían como paisaje de ciudad. El barrio Kennedy apenas estaba poblándose y había otros ranchos, más que casas, en lo que llamaban entonces La Juventud. En Los Colorados solo había una, que servía de tienda. Bucaramanga estaba todavía muy lejos de llegar a esos entornos.
En la calle sexta con quince, frente a la Bomba Santa Marta y la Escuela de Cementos Diamante, nos despediamos de pasajeros y transporte y bajábamos las dos cuadras hasta la casa de los abuelos paternos.
Ahí, después de saludos y la entrega del presente, de un par de "actualizaciones" sobre la familia, mi papá "hacía traer un "carro de plaza" como se llamaban antes los taxis y nos íbamos hasta el Granero Oriental, arriba de la quince por la calle treinta y tres.
Dejábamos los trastes, incluido un maletín con dinero en efectivo, -como ha cambiado la vida- y empezaba el vaivén de mi papá, conmigo a su lado, buscando productos con buenos precios, para surtir los estantes y graneros de la entidad proveedora de los socios.
Ibamos a un negocio de panela de una señora Delia, o a la panelera de la Quebrada Seca, a las bodegas de papa que quedaban en los bajos de la plaza, justo debajo del puente, a las ventas de maíz, de fríjoles, de alverja, de cotizas, de quincallería -productos para la cocina-, de drogas -o remedios, para evitar malos entendidos- y de un montón de cosas que hacían parte de la lista. Siempre se buscaba el mejor precio. Nunca se compró en la primera parte donde se entraba, sin antes comparar en otros dos o tres negocios.
Apenas eran las nueve de la mañana y ya la mitad del mercado estaba hecho. Entonces pasábamos por un puesto de verduras dentro de la plaza, que tenía como vecino a un vendedor de Nevados, esos panes cubiertos de mantequilla y azúcar que eran y son, un manjar para mi paladar y mientras el compraba la cebolla cabezona morada y las zanahorias, yo despachaba por entre mi garganta dos de esos panecillos blanditos y sabrosos como un cielo.
Y ahí, me decía: Vamos para EL TIA.
La sangre se alborotaba en mis venas. Era la oportunidad de volver a ese almacén que guarda mil recuerdos de mi niñez. Llegábamos casi siempre por el Pasaje Cadena y al entrar, ese aroma intacto en mi mente, del café molido que allí vendían, me servia de pasante para los restos de Nevado que aún llevaba entre mi boca.
Pasar por la venta del café era de obligación. Nos gustaba mucho su sabor y su textura. Siempre que se iba a la ciudad, una libra o un kilo de ese manjar oscuro y oloroso regresaba con nosotros entre los encargos, así la hacienda fuera una gran productora de café. Pero no había tiempo para la tostada y la molienda.
Después a la sección de juguetes y allí si, a darle gusto a los ojos y a los sueños. La sección era muy bien surtida -no como ahora- y había para escoger, eso si teniendo en cuenta que no se podía sobrepasar el presupuesto. Jamás tuve un carro de cuerda, menos de pilas. Lo máximo en tecnología de juguetes fueron un Volswagen y algun camioncito de impulso. El escarabajo está en alguna de mis fotos de perfil del FB.
Ya con el carro en mis manos, en una bolsa blanca, de papel que tenía por un lado el logo grande del almacén y por el otro el listado de todas las ciudades donde funcionaba una sucursal, se me acababa la preocupación y dejaba que se fuera el tiempo sin afán.
El almuerzo lo buscábamos en un restaurante que había por la diesiseís, creo que se llamaba La Delicosa. Abundante y muy rico, mi papá me daba el gusto de comer unha carne que envuelven en huevo, que por aquellos tiempos era mi plato preferido. Después, pasábamos por el Almacén Barranquilla, en la carrera quince, donde se compraban uno o dos díscos de 78rpm, uno de música colombiana para mis papás y otro a mi gusto, que -quien lo creyera- eran casi siempre de lo que ahora llaman carrilera.
Para regresar a la casa de los abuelos en la sexta, tomábamos otro "carro de plaza", mientras que el mercado ya lo estaba llevando en su "carroe¨mula" un señor Francisco, que tenía toda la confianza de mi viejo y que en tres o cuatro viajes amontonaba el surtido para que después lo recogiera la volqueta de Berlín, o en su defecto Victoriano en su buseta, en un viaje extra que se hacía ya al caer la tarde.
El regreso era lleno de alegría, imaginándome como, cuando y donde iba a disfrutar mi nuevo juguete. Después de comernos un par de Doradas sudadas, que casi siempre iban con nosotros, pintaba con tiza una nueva carretera en el corredor de la escuela y empezaban mis juegos. Mientraas tanto mis viejos se dedicaban a liquidar precios para las cosas compradas, buscando si era posible bajarlos para beneficio de la gente. Esto siempre fue una constante. Y de soslayo, cuidaban mis recorridos "manejando" mi nuevo camioncito. El sueño me vencía. Al otro día, cuando me levantaba, ya mi padre había partido en busca de las reses que se venderían vueltas carne, ese domingo.
Entonces, como ahora, pensé en lo grande que pudo llegar a ser esa cooperativa. Ya estaba empezando a tener clientela de ciudad. Algo que parecía descabellado. Iba creciendo. Otras, que nacieron en esos mismos tiempos, subsisten. Y son grandes.
Muchas rutas hubieran cambiado. Para muchos, la vida pudo ser diferente- Pero ahora, solo hay recuerdos para escribirlos, para dejarlos saber en medio de una llovizna pertinaz que acompaña este momento de domingo.
Sabía que tenía que madrugar a las cinco y media de la mañana, para alistarme y salir con él en eso que era una aventura, acompañado, más que por mi padre, por ese amigo que tuve desde que nací.
Hacía cuentas, entre las cuentas, de que carrito me iba a comprar en un descanso de las vueltas laborales.
Seguramente habría otro de la colección de Plásticos Gacela, que por ser como de una pequeña colección y decentes en el precio, eran de mis preferidos.
Me dormía tratando de que la noche pasara lo más rápido posible y cuando me daba cuenta, ya estaba sonando en la Radio Atalaya el programa Alegría de mi Rancho, con sus coplas mañaneras, sus rancheras para el gusto de los campesinos y los mensajes -a manera de razones- que en ese tiempo era casi la única comunicación de la ciudad con el campo. "Se informa a don Cosme Villamizar, en la vereda Quebraditas del Corregimiento Santa Cruz de la Colina, que sus sobrinos viajan esta tarde en el camión lechero y que le llevan los encargos que había pedido". Por ejemplo. Era como un visionario adelanto de las vías celulares y virtuales de ahora.
Después de un baño bien frio, cuando el clima era diferente, me vestía y en menos de quince minutos ya estaba listo para emprender el viaje.
Saliamos volados por ese caminito que recuerdo con curvas y piedras, pasábamos por la cooperativa para recoger empaques y alguna cosa que faltara y por el ramal que llegaba hasta la hacienda, nos comíamos los seiscientos metros que habían hasta el cruce con la carretera de La Colina, por donde bajaría en unos minutos la buseta Ford de trompa amarilla con guardafangos rojos, para en ella enrumbarnos definitivamente hacia la capital.
Por el trayecto, mientras mi viejo conversaba con el conductor o con algún amigo, le proponía, ya en la carretera central, que jugáramos a quien adivinaba la marca del proximo carro que encontráramos. Casi siempre le ganaba, porque él, pendiente de sus temas de adulto se le olvidaba que íbamos "apostando" en ese juego donde el premio era un abrazo y su sonrisa de papá.
Pasábamos por Rionegro muy rápido y en menos tiempo del pensado, ya veía los rastrojos que abajo del barrio San Rafael me recibían como paisaje de ciudad. El barrio Kennedy apenas estaba poblándose y había otros ranchos, más que casas, en lo que llamaban entonces La Juventud. En Los Colorados solo había una, que servía de tienda. Bucaramanga estaba todavía muy lejos de llegar a esos entornos.
En la calle sexta con quince, frente a la Bomba Santa Marta y la Escuela de Cementos Diamante, nos despediamos de pasajeros y transporte y bajábamos las dos cuadras hasta la casa de los abuelos paternos.
Ahí, después de saludos y la entrega del presente, de un par de "actualizaciones" sobre la familia, mi papá "hacía traer un "carro de plaza" como se llamaban antes los taxis y nos íbamos hasta el Granero Oriental, arriba de la quince por la calle treinta y tres.
Dejábamos los trastes, incluido un maletín con dinero en efectivo, -como ha cambiado la vida- y empezaba el vaivén de mi papá, conmigo a su lado, buscando productos con buenos precios, para surtir los estantes y graneros de la entidad proveedora de los socios.
Ibamos a un negocio de panela de una señora Delia, o a la panelera de la Quebrada Seca, a las bodegas de papa que quedaban en los bajos de la plaza, justo debajo del puente, a las ventas de maíz, de fríjoles, de alverja, de cotizas, de quincallería -productos para la cocina-, de drogas -o remedios, para evitar malos entendidos- y de un montón de cosas que hacían parte de la lista. Siempre se buscaba el mejor precio. Nunca se compró en la primera parte donde se entraba, sin antes comparar en otros dos o tres negocios.
Apenas eran las nueve de la mañana y ya la mitad del mercado estaba hecho. Entonces pasábamos por un puesto de verduras dentro de la plaza, que tenía como vecino a un vendedor de Nevados, esos panes cubiertos de mantequilla y azúcar que eran y son, un manjar para mi paladar y mientras el compraba la cebolla cabezona morada y las zanahorias, yo despachaba por entre mi garganta dos de esos panecillos blanditos y sabrosos como un cielo.
Y ahí, me decía: Vamos para EL TIA.
La sangre se alborotaba en mis venas. Era la oportunidad de volver a ese almacén que guarda mil recuerdos de mi niñez. Llegábamos casi siempre por el Pasaje Cadena y al entrar, ese aroma intacto en mi mente, del café molido que allí vendían, me servia de pasante para los restos de Nevado que aún llevaba entre mi boca.
Pasar por la venta del café era de obligación. Nos gustaba mucho su sabor y su textura. Siempre que se iba a la ciudad, una libra o un kilo de ese manjar oscuro y oloroso regresaba con nosotros entre los encargos, así la hacienda fuera una gran productora de café. Pero no había tiempo para la tostada y la molienda.
Después a la sección de juguetes y allí si, a darle gusto a los ojos y a los sueños. La sección era muy bien surtida -no como ahora- y había para escoger, eso si teniendo en cuenta que no se podía sobrepasar el presupuesto. Jamás tuve un carro de cuerda, menos de pilas. Lo máximo en tecnología de juguetes fueron un Volswagen y algun camioncito de impulso. El escarabajo está en alguna de mis fotos de perfil del FB.
Ya con el carro en mis manos, en una bolsa blanca, de papel que tenía por un lado el logo grande del almacén y por el otro el listado de todas las ciudades donde funcionaba una sucursal, se me acababa la preocupación y dejaba que se fuera el tiempo sin afán.
El almuerzo lo buscábamos en un restaurante que había por la diesiseís, creo que se llamaba La Delicosa. Abundante y muy rico, mi papá me daba el gusto de comer unha carne que envuelven en huevo, que por aquellos tiempos era mi plato preferido. Después, pasábamos por el Almacén Barranquilla, en la carrera quince, donde se compraban uno o dos díscos de 78rpm, uno de música colombiana para mis papás y otro a mi gusto, que -quien lo creyera- eran casi siempre de lo que ahora llaman carrilera.
Para regresar a la casa de los abuelos en la sexta, tomábamos otro "carro de plaza", mientras que el mercado ya lo estaba llevando en su "carroe¨mula" un señor Francisco, que tenía toda la confianza de mi viejo y que en tres o cuatro viajes amontonaba el surtido para que después lo recogiera la volqueta de Berlín, o en su defecto Victoriano en su buseta, en un viaje extra que se hacía ya al caer la tarde.
El regreso era lleno de alegría, imaginándome como, cuando y donde iba a disfrutar mi nuevo juguete. Después de comernos un par de Doradas sudadas, que casi siempre iban con nosotros, pintaba con tiza una nueva carretera en el corredor de la escuela y empezaban mis juegos. Mientraas tanto mis viejos se dedicaban a liquidar precios para las cosas compradas, buscando si era posible bajarlos para beneficio de la gente. Esto siempre fue una constante. Y de soslayo, cuidaban mis recorridos "manejando" mi nuevo camioncito. El sueño me vencía. Al otro día, cuando me levantaba, ya mi padre había partido en busca de las reses que se venderían vueltas carne, ese domingo.
Entonces, como ahora, pensé en lo grande que pudo llegar a ser esa cooperativa. Ya estaba empezando a tener clientela de ciudad. Algo que parecía descabellado. Iba creciendo. Otras, que nacieron en esos mismos tiempos, subsisten. Y son grandes.
Muchas rutas hubieran cambiado. Para muchos, la vida pudo ser diferente- Pero ahora, solo hay recuerdos para escribirlos, para dejarlos saber en medio de una llovizna pertinaz que acompaña este momento de domingo.
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